En cualquier entorno, un cristiano satisfecho es una muestra de gracia. Las Escrituras nos dicen que, “gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento” (1 Timoteo 6:6). ¡El contentamiento es algo que el dinero no puede comprar! Comienza en el corazón, y si alguien está descontento en su vida privada, nunca será un santo contento en la congregación. Así que, ¿cómo puede una comunidad bíblica de creyentes fomentar el desarrollo del contentamiento del corazón en la vida de los creyentes? ¡Buena pregunta!
Podemos vernos tentados a decir que, como es obra de la gracia de Dios, debemos esperar a que Dios lo conceda. Pero al igual que en la mayoría de las demás virtudes cristianas, el contentamiento es en realidad una cuestión de equilibrio entre la obra de Dios y la responsabilidad humana.
La palabra “contento” es definida como un estado de satisfacción, o como “complacido y satisfecho”. La palabra griega usada en 1 Timoteo 6:6 significa literalmente “autosatisfecho”; no satisfecho consigo mismo, sino más bien en un buen sentido, como quien está contento con su condición; satisfechos con lo que se es y con lo que Dios le ha dado. Albert Barnes dice que la palabra “se refiere a un estado mental; una sensación de calma y satisfacción; sentirse libre de la murmuración y la queja… una mente que acepta las asignaciones de la vida”.
La mayoría de las personas experimenta sentimientos de descontento en algún momento… entonces ¿estamos dando demasiado importancia al tema? Esta es una pregunta para la reflexión. ¿Cuántos creyentes insatisfechos se necesitan para amargar la comunión de una iglesia local? En 1 Corintios 12, Pablo compara el cuerpo de Cristo con el cuerpo humano. “De manera que, si un miembro padece, todos los miembros se duelen con él” (v. 26). Piensa en tu propio cuerpo. ¿Necesitas tener más de un dedo de la mano o del pie aplastado, o más de un diente adolorido para afectar la armonía y el funcionamiento de tu cuerpo? ¿No es cierto que todas las partes sanas se unen al dolor de la afectada? Quizás la funcionalidad siga, pero por lo general tanto la cantidad como la calidad se reducirán, y tanto el gozo como la satisfacción de la comunión se verán interrumpidos.
Podríamos hacer una larga lista de todos los factores que contribuyen a una vida contenta, lo que denominamos los fundamentos básicos de la vida cristiana. Conocer a nuestra familia espiritual requiere conocer a los santos con mayor detalle de lo que podríamos conocer a nuestros vecinos más cercanos.
Consideremos estas preguntas que destacan aspectos que influyen en el contentamiento de cualquier creyente: ¿Ha nacido de lo Alto, y ahora mora en él/ella el Espíritu de Dios? ¿Habitualmente dedica tiempo a la Palabra y la oración? ¿La comunión con otros creyentes afines es una prioridad? ¿Se está viviendo en obediencia a los mandamientos de Dios? ¿Considera a quienes tienen autoridad espiritual como “ministros designados por Dios”? ¿Cree y se regocijan en la obra soberana de Dios en el mundo y en la vida de su pueblo? ¿Cuán comprometidos están los creyentes con la verdad de Romanos 8:28? Estos y muchos otros factores influyen en el verdadero contentamiento del creyente y, sin duda, el entorno de la comunión regular nos anima en todo lo anterior.
Pero hablando más directamente a los ancianos y obreros cristianos por un momento, puede ser abrumador contemplar la idea de que los ancianos son responsables de hacer que todo lo antedicho cobre vida en cada persona en la asamblea y, francamente, es poco realista. Pero, por otro lado, un liderazgo amoroso deseará hacer más que simplemente “lograr que sigan realizándose las reuniones”, o como dijo un viejo hermano, “si lo entienden, crecerán, si no, probablemente se irán”.
Entonces, ¿cuáles son algunas de las áreas en las que los ancianos pueden poner diligencia para cooperar con la obra de Dios en fomentar el contentamiento en el corazón de los que están bajo su cuidado?
Para comenzar, los ancianos de la iglesia deben estar convencidos de la importancia de este tema, que afecta todas las áreas de la vida de la iglesia… cómo se recibe la enseñanza, el gozo de la comunión, la calidez de la adoración guiada por el Espíritu, la necesaria unidad para la oración contestada, la bendición del Señor para el testimonio y su propagación a la comunidad. Si es así, entonces se pueden seguir los siguientes pasos prácticos. Permítanme sugerir varias áreas para la meditación y la oración reflexiva, no como “reglas” o “legalismo”, sino solo algunas áreas generales para estimular el debate.
La congregación cristiana es un cuerpo vivo centrado en Cristo. No se limita a cosechar los beneficios del contentamiento, sino que contribuye a éste como parte de una creciente madurez espiritual. Honrar los principios de las iglesias del Nuevo Testamento no es opcional; estas cosas fueron escritas para nuestra enseñanza.
Los ancianos deben conocer el estado de su rebaño (Proverbios 27:23), lo que significa conocer a las personas del rebaño. La hospitalidad (ellos en nuestros hogares) y las visitas (nosotros en sus hogares) son los ingredientes básicos.
Practique una comunicación clara, siendo esto especialmente importante para quienes lideran. Los jóvenes y las visitas naturalmente tendrán preguntas sobre el ministerio bíblico, ¿Y por qué hacemos lo que hacemos?, ¿Por qué existimos? ¿Cuál es nuestra misión? La capacidad de escucha, la cordialidad, la franqueza deben tener su lugar.
La importancia de una sólida enseñanza bíblica: el objetivo del ministerio bíblico es la madurez espiritual, no el entretenimiento. La exposición fiel de las Escrituras y las doctrinas son alimento para el hombre interior. Incluso los temas difíciles como la resolución de problemas de relación (Mateo 5:23, 18:15) deben tratarse en los momentos apropiados.
Tenga cuidado con las barreras de edad o las culturales: es normal que las personas desarrollen relaciones con otros con quienes tienen intereses en común. Pero pueden formarse grupitos y estropear las interacciones saludables entre mayores y jóvenes, entre personas de otras culturas.
Identifique y trate la amargura: Hebreos 12:15 es enfático en que este no es un tema para ser tratado a la ligera. Una persona con una raíz de amargura puede causar problemas a toda una asamblea y provocar el alejamiento de muchos de la comunión. ¡Se requiere diligencia por parte de los ancianos!
Modele y celebre el contentamiento: el Señor Jesús era una Persona contenta (Juan 14:27), y Pablo el apóstol que sufrió mucho aprendió esta gracia (Filipenses 4:11). Los ancianos y los santos maduros pueden dar ejemplo aquí, y bendita es la asamblea donde los creyentes contentos y sus obras son estimados como dignos ejemplos.
Qué gozo debe producir al corazón del Salvador cuando un amigo le dice a un nuevo creyente: “Ahora ven… ¡debes conocer a la familia!”. Todos los programas y métodos evangelísticos no tendrán éxito si la amargura del mundo también caracteriza a la iglesia. Busquemos refugio en el Dios de la paz y manifestemos el contentamiento del Señor a otros en la iglesia.
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Adaptado con permiso de APA
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