Esta es nuestra última entrada dando una mirada a la nueva edición de Liderazgo Bíblico de Ancianos; hemos querido dar un vistazo a parte del contenido del primer capítulo y esperamos que haya sido de provecho. Hoy  estaremos viendo el contraste entre el liderazgo de servicio y el modelo tradicional de liderazgo que suele ser más aceptado dentro de la sociedad moderna.
 

EL MODELO DE LIDERAZGO DEL HOMBRE FUERTE VS. EL MODELO SERVICIAL DE CRISTO



Adondequiera que viajes en el mundo, te encontrarás con un estilo de liderazgo de hombre fuerte. Este modelo es el estilo de liderazgo orientado hacia uno mismo que concentra el poder en una sola persona y rechaza la transparencia y la genuina rendición de cuentas.

Este estilo de liderazgo se interesa en esgrimir el poder, en obtener riquezas y en promoverse a uno mismo. Busca controlar, dominar y manipular. Es un estilo dictatorial y autoritario. Rechaza por completo cualquier concepto de liderazgo compartido. El hombre fuerte quiere subordinados fieles, no colegas. Quizás diga que sirve a su pueblo, pero sus promesas son vacías y egoístas.
 

El síndrome de Diótrefes


En el Nuevo Testamento, el ejemplo de un hombre fuerte en la iglesia es Diótrefes. Este fue un clásico líder autocrático, un pastor narcisista que edificó su iglesia en torno a sí mismo. Él representa a todos los que abusan de su autoridad pastoral. El anciano apóstol Juan lo describió de esta manera:

Yo he escrito a la iglesia; pero Diótrefes, al cual le gusta tener el primer lugar entre ellos, no nos recibe. Por esta causa, si yo fuere, recordaré las obras que hace parloteando con palabras malignas contra nosotros; y no contento con estas cosas, no recibe a los hermanos, y a los que quieren recibirlos se lo prohíbe, y los expulsa de la iglesia (3 Jn. 9-10).

Diótrefes tenía un concepto tan alto de sí mismo que incluso criticaba y se negaba a escuchar al apóstol Juan. Diótrefes no creía que “el que dirige” debía ser “como el que sirve”, ni podía afirmar junto con Pablo que servía “al Señor con toda humildad” (Hch. 20:19; cp. Lc. 22:26). Diótrefes era una contradicción del estilo de liderazgo manso y humilde que Jesús enseñó y vivió.
 

¿Qué buscan las personas?


Desafortunadamente, debemos admitir que un estilo de liderazgo fuerte y autocrático suele ser exitoso y popular en lo externo. Muchos desean seguir a un hombre fuerte, a una figura como Diótrefes, a un hombre que parece ungido por Dios con poder para gobernar. Quieren el liderazgo determinado e individualista del mundo. Ciertamente, así sucedió con los creyentes de Corinto. Pablo no encajaba en su concepto grecorromano del líder fuerte, por lo que se volvieron presa fácil de los mal llamados “superapóstoles” que los engañaron y abusaron de su poder sobre ellos (2 Co. 11:19-21). A los ojos de algunos corintios, Pablo parecía débil y poco impresionante, ciertamente nadie grande ni de élite. Quizás creían, como algunos lo hacen hoy, que el concepto de un “líder siervo” es una contradicción de términos y no un concepto práctico ni factible de liderazgo.
 

Un resumen del modelo de liderazgo servicial


Tengamos en claro que el liderazgo servicial no elimina el liderazgo bueno y competente ni los oficios formales en la iglesia. Pablo dice que los que tienen el don de liderazgo deben ejercerlo “con solicitud” (Ro. 12:8).

Jesús no negó la necesidad de posiciones de liderazgo, del ejercicio de la autoridad humana, de la búsqueda de grandeza ni de la excelencia en el liderazgo pastoral. Jesús mismo capacitó y entrenó a sus discípulos para ser líderes, maestros y evangelistas. Al preparar a sus discípulos para el liderazgo, Jesús les enseñó un nuevo conjunto de principios para evaluar tanto el liderazgo como las relaciones, la grandeza y la vida en comunidad entre los creyentes. Estas nuevas enseñanzas son lo que hoy llamamos “liderazgo de servicio”.

El estilo de liderazgo de Jesús implica dirigir a otros, no enseñorearse sobre ellos (2 Co. 1:24). Es un estilo orientado hacia los demás, donde el líder sirve con humildad a las personas, hasta a las más insignificantes, sin esperar nada a cambio. Está marcado por la disposición a sufrir por el bien de otros, incluso a morir por ellos. Es negar y sacrificar el yo por los demás; es dirigir con el ejemplo; es lavar los pies de los demás; es amar como Cristo amó; es promover y destacar los dones de los demás. Es tratarnos unos a otros con igualdad como hermanos y hermanas, no como un amo a su criado. En última instancia, el liderazgo servicial significa imitar a Jesús y apuntar a los demás hacia Él y no hacia uno mismo. Pablo enunció con elocuencia este principio: “Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos [lit. esclavos] por amor de Jesús” (2 Co. 4:5).

 

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¿Hay algún tema que quisieras que abordemos en este blog, o tienes alguna pregunta? Escríbenos, y daremos respuesta en una próxima edición.

Te invitamos a orar por el crecimiento de este ministerio y por que Dios provea los recursos necesarios para seguir sirviendo a su iglesia.

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