
¡Es un crimen aburrir a las personas con la Palabra de Dios!
La Biblia en sí misma es relevante, pero una presentación o enseñanza pobres pueden hacerla sonar irrelevante.
Muchos obstáculos impiden la clara recepción de la Enseñanza Bíblica, pero una predicación aburrida no tiene por qué ser una de ellas. Así que, ¿cómo podemos nosotros, siendo instrumentos humanos, presentar la Palabra de Dios de tal manera que las personas la escuchen?
Primeramente, la Palabra debe estar operando en la propia vida del predicador. Su mensaje puede ser fiel al texto bíblico, pero puede no resonar como verdadero sino esta “revestido” de humanidad. La palabra “Integridad” viene a la mente. Pablo, el Apóstol, apoyaba su enseñanza con un ejemplo consistente. En Filipenses 3: 17 escribió: “Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros”. (ver también Fil. 4:9, 1 Cor. 11:1).
Esto me trae a la memoria la imagen de un padre enseñando a un hijo como atarse sus zapatos, que le dice, “mira cómo lo hago”. La gente mira al que les enseña, al anciano, al pastor, para ver cómo la Palabra de Dios se manifiesta en la vida “real”. Más de una vez, antes de subir al pulpito para predicar sobre “Relaciones interpersonales” he tenido que pedirle el perdón a alguien.
En segundo lugar, utiliza tu imaginación. Esto no significa inventar, sino que se trata de estudiar las Escrituras, creando una imagen mental de sus verdades (asumiendo que previamente hayas estudiado exhaustivamente el tema y el texto), para así comunicarlas de forma interesante. Imagina estar a orillas del Mar de Galilea en un día soleado de verano, mientras el Señor Jesús hablaba de los lirios del campo y de las aves de los cielos… Procura oler el aire, contemplar los pájaros volando y notar las flores en la distancia. Ponte “dentro de la piel del autor”.
O imagina cómo luce una iglesia que está siendo destruida por las divisiones causadas por el orgullo de diversos hermanos… (1 Cor. 1:13) O considera qué sentirían algunas personas al no tener certeza de si el Señor ya había venido y pensar que sus seres queridos ya fallecidos se habían perdido de Su venida? (1 Tes. 4: 13-18)
¿Qué preguntas te haces cuando lees el pasaje sobre el cual vas a enseñar? Lo más probable es que sus oyentes tengan las mismas incógnitas y escuchen con atención cuando las abordes. Recuerdo que en una ocasión hice sentar a mis hijos para tener un tiempo devocional en familia. Como era aún pequeños les decíamos que podían dibujar lo que quisieran en papel mientras les leíamos las Escrituras, nuestra lectura en esa ocasión era en Génesis 1… ¿Aburrido? ¡De ninguna manera!
Recién habíamos comenzado y ellos estaban tratando de dibujar la tierra, el cielo y el firmamento… entonces uno preguntó, “papá, ¿qué es un firmamento?”. El interés surgió al verse retados a representar el “firmamento”.
Tercero: No tengas temor de decir “No sé. Todavía estoy elaborando la respuesta, pero lo que sí sé es…” ¡Como maestro, no necesitas saber todo! De hecho, no debes saberlo todo… y es bueno decirlo así de vez en cuando… ¡Esto te da mayor credibilidad!
En cierta ocasión una persona piadosa, ya anciana me confió que a veces luchaba con respecto a la seguridad de su Salvación. Cuando salí de mi asombro inicial, vino sobre mí una profunda admiración hacia este hermano, vi que era genuino, no falso. Llegué a conocerlo como uno que no “endulzaba la píldora” y no trataba de falsear la realidad. No era un “súper-santo” sino que era alguien como yo. Cuando él hablaba, yo escuchaba.
Cuarto: Sé claro. Evita el “lenguaje cristiano”, asumiendo que todos lo conocen. O si llegas a usarlo, acláralo en términos cotidianos. Una vez hable muy “elocuentemente” a un amigo muy educado y un creyente experimentado, acerca de “la Gracia de Dios”, pero su respuesta me dejó por el suelo… “me perdiste en este tema”. Yo creí que había sonado bien, pero en realidad no había logrado explicar mucho de lo que quería a mi amigo.
Tu rol como comunicador de la Verdad de Dios es explicarla de modo que la gente la entienda, no para despertar admiración por tus conocimientos mediante el uso de palabras rebuscadas.
Hay una doctrina maravillosa que los teólogos han llamado la “propiciación”, y es algo que puede sonar aburrido, pero si la explicas en términos simples, se tornará en algo vivo. Dios esta airado con los pecadores por su pecado, y aquellos que no creen están bajo el juicio y condenación de Dios (Juan 3: 18b). Pero también, de acuerdo con 1 Juan 2:2, Dios ha provisto una “Propiciación” o un “Sacrificio expiatorio”. ¿Qué significa esto y qué importancia tiene? Cristo recibió en sí mismo la ira que nosotros merecíamos. Piensa por un instante porqué oró tres veces diciendo “Padre, pasa esta copa de mí”. Él estaba por enfrentar la “copa” de la ira de Dios (Jer. 25:15). Si la reacción del Señor Jesús ante la ira de Dios fue tan fuerte, la cual condujo a una muerte agonizante y el “abandono” de Su Padre (Salmo 22:1) tanto que aun Jesús, el Dios Hijo hecho carne, clama en tres ocasiones ante la inminencia de aquello que estaba por padecer, imagínate cómo sería para nosotros el experimentar tal ira por toda la eternidad.
Recuerdo muy bien la ira de mi padre terrenal cuando yo era joven (en muchas ocasiones fue bien merecida…); en muchas ocasiones sus castigos dejaron marcas sobre mi cuerpo. Yo me asustaba cada vez que lo veía enojarse conmigo, anticipando tanto el dolor físico como el emocional infligido por su ira.
¡La ira de Dios es indescriptiblemente mucho más severa, tanto que el mismo Jesús habría retrocedido ante ella! Dado que él se sometió a la plenitud de la ira de Dios, ni yo ni ningún otro creyente jamás deberemos temer la ira consumidora y eternal de Dios. Su ira fue completamente satisfecha, mi pecado ha sido tratado con justicia. Su ira hacia mí fue desahogada en Cristo, agotando por completo su energía. ¡Esas sí que son buenas noticias! Gracias, Dios, por tu propiciación soy libre de tu ira para siempre. Todo porque Jesús murió en mi lugar. ¡Qué gran amor! Sí, incluso una enseñanza como la “propiciación” puede cobrar vida.
Por último, para que tu enseñanza sea interesante, resume al concluir para que la gente pueda irse con una idea que pueda explicarse en una corta frase, como diciendo “Déjame decirlo así…”.
Usa frases concisas que capturen la verdad, palabras que suenen bien, una lista fácil de recordar o alguna forma imaginativa de ayudarles a recordar lo aprendido.
En conclusión, para que la predicación sea menos aburrida, necesitas: integridad, imágenes, credibilidad, claridad y resumen.
¿Hay algún tema que quisieras que abordemos en este blog, o tienes alguna pregunta? Escríbenos, y daremos respuesta en una próxima edición.
Te invitamos a orar por el crecimiento de este ministerio y por que Dios provea los recursos necesarios para seguir sirviendo a su iglesia.
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