Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey.
1 Pedro 5: 2-3

En estos versículos, el apóstol Pedro aborda las motivaciones que deberían y no deberían caracterizar a los ancianos piadosos. Ellos deben cuidar o pastorear al pueblo de Dios:

  • no por fuerza, sino voluntariamente;
  • no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto;
  • no como teniendo señorío sobre los que están a su cuidado, sino siendo ejemplos de la grey (vv. 2-3).

 
Los siguientes tres contrastes adverbiales indican las maneras incorrectas y correctas de cuidar o apacentar al pueblo de Dios. Estos son requisitos para el liderazgo de ancianos.

No por fuerza


Dios no necesita pastores que sean renuentes a cuidar de su rebaño. Tales pastores no podrán dirigir ni alimentar al pueblo de Dios de manera adecuada. Los pastores renuentes no tienen la motivación necesaria ni el ímpetu para cumplir su deber. Harán solo lo mínimo indispensable. Por esta razón, Pedro advierte que un anciano no debe servir “por fuerza”. De hecho, Pedro no niega la enseñanza de Pablo de la necesidad de la imposición divina para el servicio a Dios (1 Co. 9:16). En este caso, él usa el término “por fuerza” en un sentido negativo, es decir, sin una motivación dada por Dios (2 Co. 9:7; Flm. 14).

Si un hombre sirve como anciano principalmente porque su esposa o sus amigos lo presionaron a servir, o porque se siente atrapado por las circunstancias, necesita el dinero, o nadie más está dispuesto a realizar el trabajo, está sirviendo “por fuerza”: a regañadientes. Lenski plasma muy bien la idea de Pedro cuando dice que los ancianos no deben servir “como soldados, sino más bien como voluntarios”. Si un varón sirve renuentemente como anciano, cuando llegue la persecución, será el primero en abandonar al rebaño y huir. Solo servirá como pastor con poco entusiasmo, en el mejor de los casos.

Voluntariamente: En contraste con un servicio forzado, los ancianos deben pastorear o cuidar el rebaño de Dios “con libertad”, “voluntariamente” y “con buena disposición”. Los que cuidan de la iglesia “voluntariamente” lo hacen porque su anhelo es servir de esta manera. Estos sirven en el pastorado “con alegría” (Heb. 13:17). John Henry Jowett, el famoso predicador británico y exministro de la Capilla Westminster en Londres, capta bien el punto de Pedro: “Un voluntario vale por dos hombres obligados […]. En las sublimes dimensiones del servicio espiritual, ningún número de varones obligados puede tomar el lugar de un voluntario”.

La mayoría de los ancianos pastores sirven como voluntarios y sin remuneración alguna, como sí suelen hacerlo los clérigos profesionales. Los ancianos bíblicos son líderes impulsados por el Espíritu (Hch. 20:28) que sirven libre, voluntaria y sacrificialmente, junto con otros ancianos, para apacentar y cuidar el rebaño de Dios. Ese fue el diseño de Dios.

Como quiere Dios (NBLA): La disposición voluntaria que Pedro describe es, literalmente, “conforme a Dios”. El estándar de Dios es un servicio con agrado y voluntario. Así es Dios. Es la manera en que Dios espera que se hagan las cosas. Dios no es un pastor renuente ni indispuesto. Él cuida de sus ovejas con gracia, de forma voluntaria y libre. Así fue como Jesús sirvió. Él dio su vida voluntariamente por sus ovejas (Jn. 10:11). Debemos seguir el patrón de Jesús. Así como “Dios ama al dador alegre” (2 Co. 9:7), también ama a los ancianos alegres y dispuestos.

No por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto


Esta es la segunda motivación indigna. Pedro usa una palabra que significa “[no] para ganar dinero” (TLA), “[no] por el beneficio personal que puedan obtener de ello” (NTV); “[no] por ambición de dinero” (NVI). Esta es la forma adverbial de la misma palabra que Pablo usa en referencia a los ancianos en Tito 1:7. (Para una explicación completa respecto a este vicio descalificante, ver nuestro estudio sobre 1 Timoteo 3:3 y Tito 1:7) (ver los capítulos 13 y 22 de este libro). Los pastores de Dios no deben comportarse como depredadores que se alimentan del rebaño para enriquecerse. Los profetas condenaron precisamente este pecado entre los pastores gobernantes de Israel: “Ay de los pastores de Israel […]. Coméis la grosura, y os vestís de la lana; la engordada degolláis, mas no apacentáis a las ovejas” (Ez. 34:2-3). “Sus príncipes en medio de ella son como lobos que arrebatan presa, derramando sangre, para destruir las almas, para obtener ganancias injustas” (Ez. 22:27).

Los pastores nombrados por Cristo tampoco deben cuidar del rebaño de Dios solo por dinero. Esta es la motivación de un asalariado. Jesús advierte sobre el asalariado que “ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa. Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas” (Jn. 10:12-13). En cambio, Jesús no es un asalariado; Él es el buen pastor que da su vida por las ovejas. Las ovejas son suyas y Él se interesa profundamente por ellas.

Pablo testificó delante de los ancianos de Éfeso: “Ni plata ni oro ni vestido de nadie he codiciado. Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario a mí y a los que están conmigo, estas manos me han servido” (Hch. 20:33-34). Definitivamente, Pablo no estaba allí “por el dinero”.
 
Con ánimo pronto: En contraste con las ganancias deshonestas y materiales, la actitud correcta con la que se debe apacentar la grey de Dios es “con ánimo pronto”, es decir, “dispuestamente”, “celosamente” y “entusiastamente”. “Con ánimo pronto” enfatiza, incluso más que el término “voluntariamente”, el deseo y la pasión personales del pastor. Esta es la clase de disposición (fuerte deseo y motivación) elogiada por la “palabra fiel” de 1 Timoteo 3:1: “Si alguno anhela obispado, buena obra desea”. Los ancianos con ánimo pronto tienen la motivación de cuidar sacrificialmente del rebaño. El bienestar del pueblo de Dios es de profundo interés para ellos. Por tal razón no se preocupan demasiado por los sacrificios personales ni por sus propias ganancias económicas. Al igual que Pablo, quien a menudo generó su propio ingreso mediante la fabricación de tiendas, ellos sirven alegremente sin remuneración ni reconocimiento. Van más allá de lo mínimo indispensable, del interés propio y del dinero. Al igual que Jesús, el buen pastor, aman a la iglesia y ponen su vida por ella (Ef. 5:25).

No como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado


Pedro guarda lo peor y lo mejor para el final. La tercera motivación indigna es una tentación mucho más sutil y generalizada que la avaricia. Es el amor al poder. Para aquellos que están en posiciones de autoridad, la avaricia y el poder siempre han sido fuertes incentivos para hacer lo malo. El verbo que se traduce como “teniendo señorío sobre” (κατακυριεύω [katakurieúo]) transmite la idea de ponerse en una posición superior a la de otros. La Nueva Versión Internacional dice: “No sean tiranos con los que están a su cuidado”. Este verbo es el mismo que usa Jesús en Mateo 20:25 y Marcos 10:42: “Sabéis que los gobernantes de las naciones se enseñorean de ellas, y los que son grandes ejercen sobre ellas potestad. Mas entre vosotros no será así”. Pedro, con sus propios oídos, había escuchado a Jesús prohibir a sus discípulos actuar como los gobernantes tiranos de los gentiles que se enseñoreaban egoísta y arrogantemente sobre los demás.

Los ancianos bíblicos no son ni señores ni gobernantes de sus súbditos. No deben ser líderes autocráticos, intimidantes ni opresores; por el contrario, deben ser accesibles, misericordiosos, amorosos y fraternales. Pedro sabía bien cómo Dios había condenado a los pastores de Israel por maltratar las ovejas: “Os habéis enseñoreado de ellas con dureza y con violencia” (Ez. 34:4).

En conformidad con la instrucción de nuestro Señor, el apóstol Juan denunció a un hombre llamado Diótrefes, el primer líder dictatorial de la iglesia documentado, por jactarse de su autoridad sobre una congregación cristiana (3 Jn. 9-10). Sin importar cuán talentoso o popular pueda ser un anciano, si se comporta como Diótrefes, es claro que está descalificado de ser un pastor del amado pueblo de Dios.

Asignados por Dios


El objeto del participio “teniendo señorío sobre” en el versículo 3 es “los que están a vuestro cuidado”. Esta cláusula traduce un artículo definido y el sustantivo plural kléron (κλήρων), que aquí significa “porciones” o “partes” de algo. Los ancianos tienen prohibido enseñorearse sobre las “porciones” específicas que Dios les ha confiado.

Las “porciones” (kléron) corresponden con “la grey” mencionada al final del versículo 3 y con “la grey de Dios”, mencionada en el versículo 2. Una “porción” o “parte” es algo que se entrega, no algo que se gana. En este contexto, la porción no es un terreno, ni dinero, ni una herencia, sino más bien una congregación local de creyentes encomendada al cuidado de un grupo de ancianos. Pedro está diciendo que Dios, en su soberanía, ha repartido porciones específicas de la totalidad del rebaño a diferentes grupos de ancianos. Este término afirma el concepto de que las personas no son posesión de los ancianos para enseñorearse sobre ellos ni para oprimirlos. Las personas no pertenecen a los ancianos; pertenecen a Aquel que los asignó a su cuidado. La exhortación de Pedro de no enseñorearse sobre los demás demuestra que los ancianos tienen autoridad para gobernar, pero advierte que deben tener cuidado en su manera de ejercer esta autoridad. Así mismo, la congregación debe reconocer que sus ancianos son líderes asignados por Dios y que deben obedecerlos.
 
Ejemplos de la grey: En contraste con enseñorearse sobre el pueblo de Dios, los ancianos deben ser “ejemplos” piadosos que las personas deseen seguir. “Ser ejemplos”, explica el comentarista Peter Davids, “encaja bien con la ilustración de la ‘grey’, porque los pastores en la antigüedad no arreaban a sus ovejas, sino que caminaban delante de ellas y las llamaban a seguirlos”.

El Espíritu de Dios pone en el corazón de los creyentes fieles un deseo por buscar ejemplos piadosos para seguirlos. Una parte importante de la Biblia es biográfica y demuestra con ejemplos la manera correcta y la incorrecta de vivir para Dios (1 Co. 10:11). Jesús es el mejor ejemplo de todos, el modelo supremo a seguir (1 P. 2:21). Nunca subestimes el poder de una vida ejemplar para inspirar a otros a vivir la vida cristiana y a servir a los demás. En Hechos 20, se demuestra que Pablo presentó su vida como ejemplo para que los ancianos de Éfeso lo imitaran. Él esperaba que sus convertidos emularan su ejemplo: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Co. 11:1); “Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros” (Fil. 3:17) (ver el capítulo 8 de este libro).

Aunque no hay garantías, lo normal es que, si los ancianos son ejemplo de obediencia radical a las Escrituras, entonces la congregación se verá inspirada a seguir sus pisadas. Si los ancianos aman la Biblia, también el pueblo amará la Biblia. Si los ancianos son “santos” en su conducta, también la congregación será santa en su conducta (1 P. 1:14-17). Si los ancianos ponen las misiones como prioridad, la iglesia amará a sus misioneros. Si los ancianos son humildes, el pueblo será humilde y se evitarán muchos conflictos innecesarios. “Cuán bendita influencia”, escribe el pastor y comentarista escocés John Brown, “es el carácter y la conducta de santidad de los ancianos cristianos, diseñadas para difundirse por toda la iglesia”.

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Lectura seleccionada de Liderazgo Bíblico de Ancianos 

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