¿Dónde se origina el concepto de diáconos?
Tradicionalmente, se ha
considerado que Hechos 6, donde se narra el nombramiento que los
apóstoles hicieron de siete funcionarios para atender a los pobres de la
iglesia, fue el origen de los diáconos en la Biblia. Pero, ¿es correcta
esa opinión? Esa es una de las muchas preguntas que Alexander Strauch
responde en La visión de Pablo para los diáconos.
“El problema de intentar conectar a los siete de Hechos 6 con los
diáconos posteriores”, escribe en el capítulo cuatro, “es que ni Lucas
ni Pablo afirman tal conexión”. A los que atendían a las mesas en Hechos
6 no se les asignó ningún título, y la enseñanza de Pablo sobre los
diáconos en 1 Timoteo 3:8-13 no dice nada sobre atender a las mesas. De
hecho, en dicho pasaje, Pablo no asigna ninguna tarea específica a los
diakonoi/asistentes de los ancianos.
Como indica el término asistentes, los diáconos hacen lo que los
ancianos les asignan para poder concentrarse en alimentar, guiar y
proteger al rebaño de Dios. “El problema de intentar conectar a los siete de
Hechos 6 con los diáconos posterioreses
que ni Lucas ni Pablo afirman tal conexión”.
La pobreza crónica fue un gran desafío para la mayoría de las iglesias
del primer siglo porque muchas personas pobres se convirtieron al
cristianismo como resultado de la predicación del evangelio; Jesús
declaró de sí mismo que el Espíritu lo había ungido “para anunciar las
buenas nuevas a los pobres” (Lucas 4:18). Como resultado, la abrumadora
carga que recaía sobre los apóstoles al tener la responsabilidad de
gestionar tanto la ayuda de misericordia como la predicación y
la enseñanza estaba afectando negativamente a ambos ministerios. Estas
tensiones fueron las que llevaron a los doce a nombrar hombres para que
se encargaran de atender a las mesas en Hechos 6, de tal forma que los
apóstoles mismos pudieran concentrarse en cumplir la Gran Comisión
proclamando el evangelio y enseñando a los creyentes (Mat. 28:19-20).
Establecer prioridades
En lugar de ser una lista de tareas por hacer para los diáconos,
el relato de Hechos 6 es un discurso conciso para la primera iglesia
sobre cuáles deberían ser las prioridades del ministerio de una iglesia:
“No es conveniente que nosotros descuidemos la palabra de Dios para
servir mesas…. Y nosotros nos entregaremos a la oración y al
ministerio de la palabra” (Hechos 6:2, 4).
Estas deberían ser las prioridades de todos los ancianos bíblicos. Los
diáconos asisten mejor a los ancianos al ayudarles a mantener su enfoque
en la importancia suprema de alimentar, guiar y proteger al rebaño de
Dios mediante ‘la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación’
(Efe. 1:13).
La tradición de asociar a los diáconos con el cuidado de los necesitados
no carece de fundamento; tiene sus raíces en la iglesia primitiva.
Según la literatura postapostólica de los tres primeros siglos, vemos a
los diáconos asociados con la labor de misericordia de la iglesia. A
finales del siglo II y principios del siglo III, los diáconos se habían
convertido en asistentes formales del obispo (es decir, del sobreveedor o
ministro), sirviendo como sus ojos y oídos; sin embargo, todavía se les
asociaba con mayor frecuencia a recolectar ofrendas para los pobres,
informar al sobreveedor sobre el estado de los enfermos y atender las
necesidades prácticas de los miembros sufrientes de la iglesia.
“Los diáconos asisten mejor a los ancianos
al ayudarles a mantener su enfoque en la importancia suprema
de alimentar, guiar y proteger al rebaño de Dios “
Sin embargo, a diferencia de los encargados de servir las mesas en
Hechos 6, los diakonoi de Pablo en 1 Timoteo 3, no se limitan a los
ministerios de misericordia, así el cuidado de los pobres y los enfermos
había pasado a ser una parte importante de sus responsabilidades (lo
cual es probable). Al designar a los diáconos de 1 Timoteo 3:8-13 como
ayudantes y no como meseros, Pablo les permite realizar otras tareas
exigentes que ayudarían a los ancianos en el “cuidado de la iglesia de
Dios” (1 Tim. 3:5). La ayuda de asistentes calificados y autorizados,
que tienen la facultad de llevar a cabo las tareas delegadas por los
pastores ancianos, alivia la carga de estos últimos para que puedan
centrarse en su ministerio principal de guiar y alimentar al rebaño de
Dios. La designación de dichos ayudantes está en consonancia con la
intención de los siete encargados de servir la mesa, designados en la
iglesia de Jerusalén.
Las tareas de los diáconos las determinan los ancianos.
Los ancianos deben establecer las tareas específicas de los
diáconos en función del tamaño de la iglesia, sus necesidades
particulares, la cantidad de personas y los dones de sus miembros. Sin
duda, los ancianos necesitan ayuda continua con cosas como:
- Realizar visitas formales a hospitales y llamadas telefónicas
- Contactar a los que se han ausentado, las personas mayores y los que no pueden salir de sus hogares.
- Administrar donaciones de misericordia y finanzas
- Distribuir ayuda a los necesitados
- Ayudar a familias en situación de necesidad
- Supervisar los bienes de la iglesia.
- Realizar ciertas tareas administrativas
En una iglesia grande, a los
diferentes diáconos se les pueden asignar diferentes áreas de
responsabilidad en función de sus dones espirituales e intereses.
El hecho de que Pablo utilice la forma plural diáconos indica que él
preveía más de uno, sin embargo, en algunas iglesias puede haber solo
uno que cumpla con los requisitos, es mejor tener un diácono cualificado
que tres que no cumplan con los estándares bíblicos. En una
congregación pequeña, los ancianos incluso pueden cumplir con todas sus
responsabilidades pastorales sin necesidad de diáconos (nótese la
omisión de los diáconos por parte de Pablo en sus instrucciones sobre
los ancianos en su carta a Tito).
Preparando a sus diáconos para el éxito
El éxito del ministerio de los diáconos depende en gran medida de
la supervisión eficaz de los ancianos. Dado que las Escrituras dejan
muchas preguntas sin respuesta en cuanto a los diáconos, los ancianos
tienen bastante flexibilidad, pero los siguientes principios son
esenciales:
- Diligencia
y organización eficaz por parte de los ancianos. Si los ancianos no
movilizan a sus diáconos de forma organizada y efectiva, los diáconos se
sentirán perdidos y se frustrarán con los ancianos. Si los ancianos
pastores son diligentes en la supervisión, en lugar de perezosos,
ineficaces, poco comunicativos, olvidadizos o desorganizados, entonces
se asegurarán de proteger las relaciones y evitarán la frustración y el
resentimiento.
- Claridad
en los roles. La iglesia debe distinguir entre todos los que sirven a
la iglesia y algunos que sirven en la iglesia como diáconos oficiales y
cualificados. Los ancianos también deben determinar con precisión qué
tareas realizan los diáconos y cuáles realizan los demás miembros de la
congregación. Si no hay líneas claras de responsabilidad,
inevitablemente surgirán confusión y conflictos entre los miembros.
- Un
ministerio para cada miembro. Toda la congregación debe ser un cuerpo
vivo y funcional, donde cada uno de los miembros ha recibido dones de
Dios y es responsable por la vida y la obra del cuerpo de la iglesia
local. La “obra del ministerio” es la labor de la obra de todos los
santos (Efe. 4:12). Cada miembro de la iglesia local tiene un papel que
desempeñar; como dijo Andrew D. Clarke: “El funcionamiento del cuerpo
requiere, y depende igualmente de aquellos que no son líderes”. Los
ancianos e incluso los diáconos deben reclutar y movilizar a sus
compañeros miembros para ayudar a realizar las diversas tareas que
requiere el cuerpo de una iglesia que está creciendo y es saludable
(Efe. 4:16).
- Sabiduría
y flexibilidad. Para gestionar sus tareas, los diáconos pueden reunirse
solos o junto con los ancianos. Las distintas tareas pueden requerir
enfoques diferentes. Por ejemplo, la recaudación y distribución de
donaciones de misericordia, siempre debe ser gestionada por varias
personas autorizadas para proteger a la iglesia de la malversación de
fondos o de escándalos, mientras que otras tareas, como las visitas y
las llamadas telefónicas, pueden delegarse a diáconos individuales.
Adapten su enfoque a las necesidades específicas de la iglesia.
- Humildad.
Debido a que los ancianos y los diáconos trabajan en estrecha
colaboración y comparten responsabilidades, será inevitable que se
presenten conflictos, pero un liderazgo de servicio que se asemeja a
Cristo reduce estos conflictos y ayuda a resolverlos de manera
constructiva. Las Escrituras prohíben a los ancianos pastores usar su
autoridad para actuar como gobernantes sobre aquellos que están bajo su
cuidado pastoral (1 Pedro 5:3). Asimismo, los diáconos deben evitar un
espíritu crítico hacia sus líderes y no asumir que tienen más autoridad
de la que les corresponde. Los diáconos no constituyen una junta
directiva independiente a cargo de la iglesia, la cual que supervisa y
equilibra la labor de los ancianos. Como todos los demás en la iglesia,
ellos deben “obedecer” y “someterse” a sus líderes (Heb. 13:17),
tenerlos “en mucha estima y amor por causa de su obra” con ellos (1 Tes.
5:12-13).
Si los diáconos hacen bien su
trabajo, serán de enorme ayuda para los demás ancianos y para la salud
de la comunidad eclesial local. Adicionalmente, los diáconos “que
ejercen bien el diaconado, ganan para sí un grado honroso, y mucha
confianza en la fe que es en Cristo Jesús” (1 Ti. 3:13).