[El siguiente, es un fragmento del capítulo 10 del libro Liderazgo Bíblico de Ancianos]

 

Ni plata ni oro ni vestido de nadiehe codiciado. Antes vosotros sabéis que para lo que me ha sidonecesario a mí y a los que están conmigo, estas manos me han servido. Entodo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a losnecesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Másbienaventurado es dar que recibir (Hch. 20:33-35).

Después que Pablo encomendara a los ancianos “a Dios, y a la palabra de su gracia”, se podría decir que había llegado al final de su discurso, pero no fue así. En cambio, a manera de conclusión, continuó con un comentario sobre su propia actitud y conducta general respecto al dinero y al cuidado de los miembrosnecesitados dentro de la comunidad de los creyentes. Él esperaba que losancianos prestaran especial atención a estas preocupaciones. Quería quesupieran que cuidar de los necesitados hacía parte de la labor desupervisión pastoral.

 

El rechazo hacia toda avaricia

Nada puede dar más lugar a acusaciones siniestras contra los siervos delSeñor que la forma como manejan el dinero de otros. Pablo sabía esto,de manera que en su despedida también negó cualquier motivacióncodiciosa o ninguna conducta de explotación del rebaño: “Ni plata ni oroni vestido de nadie he codiciado” (v. 33). Son pocos los que puedenhacer con honestidad una confesión tan osada y franca.

Mientras lees esta sección, ten en cuenta la explosión a nivel mundialdel evangelio de la salud y la prosperidad, un evangelio que de ningunamanera se parece al de Pablo. Los predicadores de la prosperidadexplotan a diario a miles de personas empobrecidas y desesperadas consus falsas sanidades y promesas de dinero rápido. Sin ninguna vergüenza,estos mal llamados siervos del Señor se gastan desmedidamente el dinerode los demás, volando en aviones privados, hospedándose en hotelesexóticos, gastando miles de dólares en comidas y bebidas, usando joyasostentosas, comprando la ropa más cara y adquiriendo mansionesdescomunales y autos de lujo. Todo esto lo hacen en el nombre deJesucristo y del evangelio.

Observa ahora, en los versículos 33-35, el contraste total entre lospredicadores de la prosperidad y el apóstol Pablo: “Ni plata ni oro nivestido de nadie he codiciado”. Pablo imitaba el estilo de vida deJesús: un servicio abnegado para los demás. Eso es tomar su cruz, no unMercedes-Benz nuevo.

Permíteme aclarar algo aquí. Pablo no dijo que nunca recibió denadie plata ni oro, porque sabemos que sí aceptó apoyo económico de laiglesia en Filipos. Su afirmación iba más allá de esto: él no anhelabaobtener un beneficio material de sus convertidos, ni siquiera en formade vestimentas. La ropa era una posesión valiosa en la antigüedad y,comúnmente, se usaba para distinguir a los ricos de los pobres.

El dinero no motivaba a Pablo a servir a los demás. Él no veía a laspersonas como fuente de dinero. Su labor en Éfeso no fue por gananciafinanciera; por el contrario, le costó prácticamente todo, incluyendo supropia vida. De nuevo, él dirige la atención de los ancianos hacia suejemplo personal, digno de imitar.

Integridad financiera:Como administrador de la casa de Dios (Tit. 1:7), tienes laresponsabilidad de administrar los fondos de la iglesia de una forma quehonre a Cristo. Si el liderazgo de ancianos de tu iglesia practica losprincipios de transparencia financiera, de rendición de cuentas genuinay manejo sabio del dinero, esto resultará en honra para nuestro Señor yen el respeto de la congregación (2 Co. 8:21). Que tu objetivo seatener la misma sensibilidad que Pablo en cuanto a asuntos de dinero.

 

Trabajar con sus propias manos:Para probar su afirmación, Pablo apeló a un aspecto inusual de su laboren Éfeso: “Vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario a mí y alos que están conmigo, estas manos me han servido” (v. 34). Por terceravez, Pablo se refirió de forma directa su vida. Él quería que losancianos recordaran cómo él había provisto para su propio sostenimientomediante su trabajo manual y cómo había podido también apoyar a otroseconómicamente. Pablo no fue un apóstol de menor nivel por participar entrabajos manuales para sustentarse a sí mismo en la obra del Señor. Niel orgullo ni la prepotencia le hicieron creer que no podía hacertrabajos manuales ni trabajar con sus propias manos.

Una de las razones de Pablo para sustentarse a sí mismo era enseñarles alos nuevos cristianos que su fe era, en muchas maneras, contracultural alas normas de la sociedad grecorromana. A los ojos de Dios, no esvergonzoso trabajar con las propias manos para proveer un ingreso y, almismo tiempo, predicar el evangelio sin cobrar.

Aún más notorio es que Pablo también sustentó financieramente a suscompañeros en el ministerio del evangelio. Mediante su asistenciaeconómica, los colaboradores de Pablo podían trabajar con éldirectamente o viajar en nombre suyo para ayudar a otras iglesias enproblemas o predicar el evangelio en lugares no alcanzados. Los líderesefectivos saben cómo multiplicarse y utilizan sus recursos para expandirsu labor mediante la preparación de colaboradores en el ministerio delevangelio.

La ayuda a los necesitados y la bendición de la generosidad

Ahora llegamos al último punto dePablo y es una parte esencial del deber pastoral: cuidar a los“necesitados”. Pablo no solo no codiciaba dinero, sino que también erabondadoso y compasivo, y estaba dispuesto a ayudar a los pobres y a losnecesitados. Él citó su ejemplo a los ancianos y dijo:

Vosotros sabéis que para lo que me ha sido necesario a mí y a los que están conmigo, estas manos me han servido. En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados (Hch. 20:34-35).

Mediante su propio ejemplo, Pablo marcó el tono para que la iglesia ysus ancianos atendieran con amor a los miembros débiles y necesitados.

Aprovechar cada oportunidad para enseñar: Sacandoprovecho de cada oportunidad, Pablo constituyó un ejemplo que enseñaríapara siempre a los ancianos de Éfeso el valor del esfuerzo y el deberdel cuidado compasivo por los necesitados: “En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados” (v. 35).

El verbo griego que se traduce “trabajado” (κοπιάω [kopiáo])es una palabra intensa que destaca un esfuerzo físico hasta el punto delagotamiento. Los cristianos no deben ser ociosos o perezosos, niesperar que los demás los mantengan. La pereza es un problema moral y unpatético testigo del poder transformador del evangelio delante de unmundo escéptico e incrédulo (Ef. 6:5-8; 1 Ts. 4:11-12; 2 Ts. 3:6-12).

Se debe ayudar a los necesitados

Trabajar esforzadamente para ganardinero no es un fin en sí mismo. Al ganar dinero, podemos compartirparte de nuestros recursos monetarios para “ayudar a los necesitados”.De nuevo, en palabra y en hecho, Pablo utilizó toda oportunidad paracomunicar el valor de compartir las ganancias propias con los que tienennecesidad.

En el versículo 35, “los necesitados” son los que no pueden atender suspropias necesidades físicas y materiales esenciales por cuestiones deedad, enfermedad, discapacidad, pobreza, estatus social o cualquier otrarazón legítima. Pablo no se está refiriendo a creyentes con necesidadespiritual, sino más bien a aquellos que necesitan asistencia económica,médica o personal.

En la época de Pablo, en especial las viudas y los huérfanos enfrentabanuna pobreza deplorable; a menudo, las personas sin escrúpulos losignoraban o los explotaban. Los ancianos debían ayudar con sus propiosrecursos a este tipo de personas desamparadas (Hch. 6:1-7; Ef. 4:28; 1Ti. 5:3-16).

Una obligación moral:El cuidado por los necesitados era un tema de gran preocupación paraPablo. Él conocía las diversas instrucciones del Antiguo Testamentosegún las cuales el pueblo de Dios debía cuidar de las viudas,los huérfanos, los extranjeros y los pobres. Esta no era una sugerencia;era un mandamiento divino. Al usar el verbo “se debe” (δεῖ [dei])y al citar al Señor Jesús, Pablo hizo de su mandato una obligaciónbíblica y moral, en especial para los ancianos. Parte del deber de losancianos era asegurarse de que los miembros “necesitados” del rebaño deDios recibieran la asistencia requerida: “se debe ayudar a los necesitados”. Aquí es donde los diáconos (asistentes) pueden ser de gran ayuda a los ancianos.

La bendición de dar con generosidad

Para enfatizar sus instrucciones, Pablo llamó a sus colegas a recordaralgo que Jesús había dicho: “Más bienaventurado es dar que recibir”.Este dicho, en la forma de una bienaventuranza, no se encuentra enninguno de los cuatro Evangelios. Más bien, fue uno de los dichos deJesús que se transmitieron de forma verbal entre los primeroscristianos. Este tema de dar a los necesitados con generosidad fue partede la enseñanza general de Jesús sobre el dinero, que incluíaadvertencias respecto al poder corruptor de la avaricia y al problema deamontonar riquezas.

El consejo financiero de Jesús:Como Jesús es Señor, sus palabras tienen autoridad y debemosrecordarlas y obedecerlas. Para los cristianos no hay mayor fuente deautoridad que el Señor Jesús. Toda la perspectiva de Pablo sobre eldinero y la generosidad se desprende directamente de las enseñanzas deJesucristo (cp. 12:32-34; ver tb. Lc. 3:11; 6:38; 10:25-37; 12:13-31;14:12-14; 16:13; 18:22). Jesús dio a sus seguidores el mejor consejofinanciero jamás pronunciado: invierte tu dinero (y tiempo) en tesoroseternos en el cielo, no en tesoros terrenales que no son seguros nieternos. Además, Jesús afirmó que donde esté el tesoro de una persona,allí también están sus verdaderos afectos.

De muchas maneras prácticas, el evangelio debe influenciar nuestro usodel dinero y de las posesiones, nuestra cartera y nuestras cuentasbancarias. Juan Bunyan nos recuerda: “El corazón de la verdaderareligión es la parte práctica”. Las enseñanzas de Cristo conectannuestra fe con las finanzas. Como líderes y maestros del pueblo delSeñor, debemos enseñar y practicar los principios monetarios de vida deJesús.

 

¡Pablo mismo lo hizo!

Si quieres que tu iglesia sea conocida por su generosidad y por su compasión cristiana, entonces mismo debes dar el ejemplo de la bendición de practicar la generosidad.Como ejemplo a seguir para el pueblo de Dios, debes ser como Jesús:compasivo, misericordioso, generoso y sacrificial. Un escritor loexplica con mucha precisión: “Debemos remplazar la codicia con laliberalidad”.

 

¿Hay algún tema que quisieras que abordemos en este blog, o tienes alguna pregunta? Escríbenos, y daremos respuesta en una próxima edición.

Te invitamos a orar por el crecimiento de este ministerio y por que Dios provea los recursos necesarios para seguir sirviendo a su iglesia.

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