El principio bíblico del liderazgo masculino puede llevarnos a concluir de forma muy simplista que los hombres guían y las mujeres siguen. Sin embargo, si como ancianos varones no somos cuidadosos, podemos ser vistos como egoístas e insinceros si esto llega a ser todo lo que enseñamos sobre el tema. Una gran responsabilidad recae sobre nuestros hombros cuando se trata de demostrar al mundo, al resto del cristianismo, y más importante aún, a nuestras hermanas que esperan un buen liderazgo por parte nuestra, que tal punto de vista no sea visto como que creemos que nuestras hermanas en Cristo deben ser tratadas como miembros de segunda clase en el Cuerpo que es la Iglesia. Sin dar lugar a discusión, el Apóstol Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, afirmó que las mujeres no deben ocupar posiciones de autoridad o de enseñanza sobre los varones (1 Timoteo 2:11-12) y, a renglón seguido, se refirió a los ancianos como hombres (3:1-2). Sin embargo, Pablo también escribió en Gálatas 3.28, y Pedro se une a él en 1 Pedro 3.7, al indicar que las mujeres creyentes deben ser aceptadas como “coherederas” de todas las bendiciones de Dios en la Salvación y en nuestra posición en Cristo.

No creo que esto deba ser considerado sólo desde una perspectiva espiritual que tenga poco que ver con los aspectos prácticos de la vida cotidiana. De hecho, en la Palabra de Dios abundan instrucciones sobre como nosotros, los varones, debemos tratar a las mujeres en nuestras vidas. Debemos tratarlas sabiamente y con honor (1 Pedro 3:7), sacrificándonos por ellas (Efesios 5.25), ayudándoles a llegar a ser espiritualmente bellas (5.26-27), y tratándolas de la manera que nosotros quisiéramos ser tratados (5.28-29). Seguramente, estos pasajes se aplican específica y directamente a una relación matrimonial, pero la manera en que un hombre trata a su esposa demuestra su concepto y su manera de tratar a otras damas.

¿Como podremos entonces, quienes somos ancianos, liderar de una manera que no se menosprecie el valor y la dignidad de las mujeres en nuestra congregación?
 

Liderar significa guiar – ¡entonces guíe!

 
En primer lugar, nadie puede dirigir si no está al frente. Dirigir, en el sentido más básico, no significa hacer una decisión para luego decir a los demás lo que tienen que hacer. Un guía en nuestro viaje al medio oriente señaló que: liderazgo en el marco del ejército israelí significa que uno va delante en la batalla. Uno abre camino. Uno va al frente.

Considera la lección de Jesús a los futuros líderes de Su Iglesia: “Pues si Yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los unos a los otros.  Porque ejemplo os he dado, para que como Yo os he hecho, vosotros también hagáis” (Juan 13.14-15).  ¡Esto es liderazgo! Demuestra, motiva, y va adelante. Jesús como Líder por Excelencia, fue el primero en poner en práctica Sus propias enseñanzas. Dirigió por Su ejemplo, y no solamente de palabra.

Un robusto liderazgo espiritual, que modele bien una vida de Fe Cristiana es lo mejor que podemos hacer a favor de nuestras hermanas. Una mujer recientemente salvada, y proveniente de un ambiente de feminismo radical, dijo con relación a los roles masculinos y femeninos en el matrimonio, “no creo que haya alguna mujer sobre la faz de la tierra, que no esté dispuesta a seguir a un hombre que la ame como Cristo amó a la Iglesia”.

Con respecto a los ancianos, me imagino que puede haber mujeres que piensen, “con gusto seguiría su liderazgo, si me trataran como Cristo trató a las mujeres durante Su ministerio”.

¿Cómo podría ser usted esa clase de anciano pastor?
 

Trate de forma especial a su esposa.

 
Los demás deberán verlo tratando a su esposa como si ella fuera la persona más importante en su vida (después del Señor). Así es como el Señor Jesucristo amó a la iglesia (Efesios 5.25). La grandeza de su sacrificio por ella determina la dimensión de su amor. La mayoría de los hombres con gusto se lanzarían delante de un tren para salvar a su esposa de una muerte inminente. Eso apela a nuestro heroísmo varonil, pero pocos de nosotros tendremos esa oportunidad para probar nuestro heroísmo. ¿Por qué no demostrar nuestro amor sacrificial en las cosas cotidianas? Aquí van algunas ideas…

Ocasionalmente, tómela de la mano en público. Ábrale la puerta del automóvil para subir o bajar. Permita que otros lo vean poniendo el brazo en su hombro. No quiero decir hacer una demostración afectiva ostentosamente, sino simplemente gestos gentiles de afecto.

Dígale a menudo que la ama. Y hágalo en diferentes maneras. Recuerdo el haber visto una vez a un predicador sentado en la plataforma esperando su turno. De repente se sonrió y seguí su mirada. Estaba mirando a su esposa, y ella también se sonrió. Se podía contemplar un amor genuino entre ellos.

¡Un querido hermano se refiere a su esposa, no como “mi esposa”, sino como “mi amada”!

Antes de casarnos, mi esposa y yo estábamos hablando con el fotógrafo. Una mujer de pronto irrumpió en su estudio sin anunciarse, cruzó la habitación, entró en otra habitación interior, volvió, y le dio un beso al fotógrafo antes de irse apresuradamente. Nos quedamos atónitos. El fotógrafo, luego de verla desaparecer por la puerta volvió mirada hacia nosotros y con una gran sonrisa exclamó: ¿“No es maravillosa”? En ese momento me prometí que haría cualquier esfuerzo para elogiar a mi esposa en público.

Al encontrarse con personas nuevas los Domingos por la mañana, presénteles su esposa. Al hacer planes, consulte con ella para saber cómo sus actividades la afectaran. Al tomar decisiones importantes, que afectarán a todo el cuerpo de la iglesia, busque su opinión y perspectiva.

Como líder y guía de su esposa, no espere hasta que ella llegue a ser una buena seguidora. Cristo no esperó hasta que Su iglesia llegase a ser atractiva u obediente, la amó primero. La Iglesia, como resultado, se vuelve hermosa por Su cuidado transformador. Lo mismo puede ser cierto cuando amamos y cuidamos a nuestras esposas. Su hermosura interior florecerá ante nuestros propios ojos (y los ojos de todos los demás).
 

Afirmando a todas las mujeres

 
Su amor por su esposa afectará también a otras mujeres, quienes se sentirán menos amenazadas y menos “desestimadas”. Les afirmará y dará esperanza en dos áreas:

1) que los diferentes roles bíblicos para hombres y mujeres que existen en la Iglesia, son buenos tanto para las mujeres como para los varones y,

2) que sí existen hombres que expresan una masculinidad cristiana.

También podemos afirmar a otras mujeres por la manera en que las tratamos. Mi esposa ha notado en algunas iglesias de las que visitamos (y aun algunas de las que hemos sido parte) que algunos líderes masculinos no le dirigen la palabra a menos que ella se acerque para hablarles primero. Pueden existir varias razones para ello; muchas veces, hombres y mujeres tienen temas de conversación distintos. Algunos hombres se sienten más cómodos y conversan más fácilmente con otros hombres que con mujeres. Pero, como ancianos, no debemos inadvertidamente “desestimar” a las damas, descuidando un intercambio amistoso. Jesús demostró respeto hacia las mujeres al tomar tiempo para ellas y demostrarles bondad al hablarles.

Debemos afirmar a las mujeres tanto en público como en privado cuando sirven al Cuerpo de la Iglesia. Esto puede ser tan simple como tomar tiempo un Domingo para preguntar a una dama como le va en su ministerio, especialmente después de algún evento importante para el cual haya trabajado arduamente. Quizás incluya también el invitar de vez en cuando a quienes lideran los ministerios de las hermanas a asistir a alguna de las reuniones de ancianos para poder orar por ellas y con ellas. Nada comunica con tanto poder la estima de los ancianos al ministerio de una mujer como el oír a los ancianos orando por ella.
 

Estimule los ministerios entre las hermanas.

 
Los dones espirituales no son limitados por el sexo. Aun los dones de pastor y maestro (Efesios 4.11), y predicación (1 Pedro 4.11) pueden ser ejercitados por una dama ministrando a otras mujeres o niños. Pero muchas iglesias ofrecen pocas oportunidades para que las mujeres puedan utilizar estos dones. Los ancianos deberán estimular actividades tales como reuniones para damas, reuniones en pequeños grupos, y avances evangelísticos para damas.
 

Tome Precauciones

 
Un anciano sabio debe tener cuidado al hacer algo que podría ser tomado como coquetería o que podría colocarlo en una situación comprometedora. Su propia carne puede ser débil y algunas mujeres pueden ser susceptibles a tentación inadvertida. De veras, la calificación clave para un anciano es que debe ser “hombre de una sola mujer” (esto es la esencia de 1 Tim. 3.2).

Un anciano sabrá como protegerse. Por ejemplo, algunos tienen por norma nunca visitar a una dama a solas en su casa, o ir en automóvil sólo con mujer diferente a su esposa.

Pero los límites que se elijan nunca deben ser tan rígidos que no nos impidan ser cálidos, amables y tener un espíritu de aceptación hacia las mujeres en nuestras iglesias.

El punto principal es el siguiente: aquellos que creemos en el liderazgo de los varones en la iglesia local, deberemos liderar sabia e inclusivamente. Debemos afirmar a las mujeres y animarlas en sus ministerios.

¿Hay algún tema que quisieras que abordemos en este blog, o tienes alguna pregunta? Escríbenos, y daremos respuesta en una próxima edición.

Te invitamos a orar por el crecimiento de este ministerio y por que Dios provea los recursos necesarios para seguir sirviendo a su iglesia.

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