No es de extrañar que uno de los primeros asuntos importantes que los apóstoles de la iglesia primitiva tuvieron que abordar estuviera relacionado con dar y recibir dinero (Hechos 5:1-11), así como con la organización de su distribución (Hechos 6:1). La vida cotidiana implica el uso de recursos financieros. En consecuencia, como era de esperar, la Biblia tiene mucho que decir sobre los asuntos financieros. Tanto en registros históricos como en el libro de Hechos o la parábola en Lucas16:1-13, entre otros, se nos advierte que el “amor” al dinero crea serias dificultades, y es el resultado de la naturaleza pecaminosa que hay en nosotros (1 Timoteo 6:9-10). Numerosas veces vemos las tristes consecuencias de dar lugar a estos deseos que las Escrituras nos presentan para nuestra consideración (Hechos 5:1-11; Lucas12:15-21; Marcos10:21-22).
Es importante notar las respuestas de los apóstoles y los ancianos a las dos situaciones señaladas en los Hechos; ellos se aseguraron de que los problemas fueran tratados de forma correcta. Ellos comprendieron la realidad de lo que podría suceder y cómo Satanás podría usar el dinero como medio para causar división en la iglesia y afectar el testimonio. Las cosas no han cambiado mucho ¿verdad? Una rápida mirada a los titulares de las noticias sólo corrobora el punto; “Miembros de la iglesia alegan mal uso de fondos por el pastor”, “Las deudas crecientes fuerzan la bancarrota de cierta iglesia”, “La oficina gubernamental de impuestos gana caso contra la iglesia X por clasificar mal a los empleados”, “Exministro acusado de robar $800.000”. Estos no son los tipos de titulares que nos gustaría ver en relación con una iglesia o asamblea local. Las consecuencias del pecado y los errores relacionados con el dinero, sin importar cuán grande o pequeña sea la asamblea, afectan profundamente su testimonio en medio de la comunidad en la que se supone debe ser luz. Estas cosas también pueden dar lugar a conflictos al interior de la congregación, haciendo que algunos opten por salir de ella o redirigir sus recursos financieros hacia otro lugar.
Al hablar de la importante ofrenda que llevaba a los santos de Jerusalén, Pablo fue cuidadoso en su manejo para evitar cualquier posibilidad de dar un mal testimonio. Señaló que estaba “evitando que nadie nos censure en cuanto a esta ofrenda abundante que administramos, procurando hacer las cosas honradamente, no sólo delante del Señor sino también delante de los hombres” (2 Corintios 8:20-21). Si Pablo fue tan cuidadoso al tratar un solo asunto financiero relacionado con las iglesias locales, resulta prudente seguir su ejemplo en todos los asuntos financieros relacionados con la iglesia local. La honestidad ante todos aquellos a quienes la iglesia podría ser un testimonio no es opcional. Dicho testimonio puede ser mucho más amplio de lo que se cree, ya que va más allá de quienes integran la congregación, extendiéndose al entorno inmediato, la comunidad local y regional, y las entidades gubernamentales con las que una iglesia debe interactuar en asuntos financieros.
Considerando el ejemplo de Pablo, hay cuatro áreas financieras que una asamblea debe vigilar para que todo se haga honestamente y en orden (1 Corintios 14:40; 1 Timoteo 3:15), proporcionando así un excelente testimonio a todos (Romanos 15:25-28; 1 Corintios 16:1-4; 2 Corintios 8:1-9:15). Estas áreas de administración son la adquisición, la gestión, la distribución y la contabilidad. El buen testimonio de una congregación puede crecer al tener en orden cada una de estas áreas financieras. Consideremos los siguientes cinco puntos que ayudan a mantener un testimonio impecable.
La supervisión espiritual de los asuntos financieros
Aunque muchos estaban involucrados en la colecta de Pablo, él ejercía la supervisión de lo que estaba pasando para asegurarse de que todo se hiciera con integridad. Los ancianos pueden encontrar más fácil encomendar la supervisión de los asuntos financieros a un comité, a diáconos o a alguien con experiencia en contabilidad en el mundo de los negocios. Esta decisión puede ciertamente ayudar, pero la responsabilidad no concluye allí. También las personas a quienes se les asigna esta tarea deben estar llenas del Espíritu Santo (Hechos 6:1-6), y estar dispuestas a rendir cuentas sobre su labor (Lucas16:1-13). Tratar con asuntos temporales requiere de hombres maduros y espirituales. Tal vez por eso las calificaciones de los ancianos y los diáconos son muy similares (1 Timoteo 3:1-13).
Políticas escritas con controles y balances
Más de una persona debe participar en las funciones financieras de la asamblea. En las iglesias pequeñas esto puede ser más difícil, pero el hecho de tener a varios individuos involucrados en cada paso del proceso proporcionará integridad, detectará los errores y reducirá la tentación. El ejemplo de Pablo debe ser bien considerado a este respecto (2 Corintios 8:20-21). Típicamente el tesorero es el responsable de la distribución, junto a la presentación de informes. Si fuese posible, es bueno contar con dos personas rotando para recibir, contar y depositar los fondos. Los depósitos deben hacerse lo antes posible.
También es conveniente contar con dos firmantes para aquellos gastos importantes que superen una cantidad predeterminada. Los ancianos y los diáconos deben aprobar los gastos que superen una cierta cantidad. Procuren contar con varias cotizaciones para gastos grandes. Los estados de cuenta bancarios deben ser enviados a dos personas diferentes y verificados/reconciliados con los informes del tesorero.
Políticas gubernamentales
Ocasionalmente, el hecho de que un auditor o contador examine los registros financieros de la organización puede identificar asuntos que se han pasado por alto y que podrían dar lugar a serios problemas jurídicos, y, si no se corrigen, también esto afectaría el testimonio. Los errores o malentendidos de las leyes en las iglesias suelen estar relacionados con una clasificación errónea de los empleados, la no presentación de los formularios apropiados relacionados con ellos, y el manejo incorrecto de las donaciones o fondos con un destino asignado. Tenga sumo cuidado. Podría haber implicaciones financieras o tributarias al considerar el alquiler de las instalaciones de la asamblea, o la participación en actividades no religiosas, entre otras cosas.
Buenos administradores.
En la actualidad, incluso las pequeñas iglesias deben contar con un software para hacer el seguimiento de las transacciones financieras y los activos, así como tener copias de seguridad de todos los registros digitales y archivadas en un lugar seguro. La realidad de la economía digital está con nosotros, el uso de los bancos y el pago de facturas en línea, las aplicaciones para donaciones y los sistemas públicos de computación pueden ayudar a reducir los errores, facilitar el acceso y proporcionar registros para la rendición de cuentas.
Este aspecto digital ha adquirido una nueva importancia a la luz de las diversas restricciones que los gobiernos han impuesto recientemente a las iglesias (1 Corintios 16:1-2). Es necesario orar constantemente para saber utilizar los recursos del Señor sabiamente y maximizar el retorno de estos para Su gloria. Una iglesia debe evitar deudas y ahorrar fondos para compras más grandes.
Comunicación clara y reportes financieros
Provea informes y actualizaciones de asuntos financieros mensual o trimestralmente a los creyentes de la congregación. Estos informes también deben incluir el presupuesto de la asamblea y los gastos realizados para que los santos puedan ver lo que está sucediendo. En una economía digital, esto puede ser muy útil para que los integrantes de la congregación lo puedan comprender. Demuestra cómo la asamblea unida está haciendo la obra del Señor, viendo su participación en las necesidades financieras de la obra, que de otra manera no serían tan visibles.
Es evidente, entonces, que hay mucha responsabilidad en la administración de los fondos. Y es importante que los ancianos/sobreveedores ayuden guiando a la asamblea en las diversas fases del proceso, considerando cómo implementar procedimientos que mantengan esta área libre de reproche y que sea beneficiosa para el testimonio de la congregación. Como Pablo, tengamos en cuenta lo que es honorable, no sólo a los ojos del Señor, sino también a los ojos de los hombres (2 Corintios 8:21).