En el evangelio de Marcos, hay una breve declaración acerca del plan del Señor para el trabajo con los hombres que él escogía: “Y estableció a doce, para que estuviesen con él, y para enviarlos a predicar “(Marcos 3:14). Esta es la esencia del discipulado; pasar el tiempo con el Señor y luego encaminarse a servir. ¿Cómo se desarrolla esto en una asamblea local hoy? ¿Sucede? ¿El discipulado es algo en el que la iglesia está involucrada? Algunos dirán “no”, algunos estarán indecisos, inseguros de lo que esté involucrado. Es un tema que bien vale la pena considerar. El discipulado está vivo y goza de buena salud En Mateo 28:18-20, el Señor impartió lo que se ha denominado La Gran Comisión. No es complicada, pero sí es profunda. Él ordenó a sus seguidores que fueran a todas partes e hicieran discípulos que le confesasen públicamente mediante el bautismo y prosiguieran aprendiendo y cumpliendo sus palabras. El sólo hecho que él haya prometido estar con aquellos que obedecieran esta comisión “hasta el fin del mundo” es prueba suficiente que esta sigue siendo una obra en curso hoy, hecho que vemos reforzado con el testimonio de siervos cristianos en todo el mundo. ¡Cada iglesia debería estar involucrada en hacer y enviar discípulos! Pero ¿cómo puede la congregación de una iglesia local volverse activa en hacer discípulos? ¿Qué responsabilidades deberían asegurarse de tener en cuenta los ancianos para que esta obra vital no se pierda en las complejidades de la vida de la iglesia?
Primero lo primero Hacer práctica nuestra fe requerirá prestar atención a muchos detalles, pero antes de que una iglesia aborde los detalles, es importante dar un paso atrás y observar todo el panorama. Deberían tenerse en cuenta dos puntos. En primer lugar, que las Escrituras proveen verdades o principios fundamentales que simplemente no pueden ser ignorados. Nuestro pasaje en Marcos 3 es un ejemplo. Notemos el orden en el verdadero discipulado. Pasar tiempo con el Señor precede a la salida a la obra. ¡Relación y comunión antes que servicio!
Pedro en su primera carta (capítulo 2) amplía esta verdad cuando escribe que los creyentes – como sacerdotes santos – ofrecen sacrificios espirituales en la presencia del Señor (versículo 5) antes de salir a exhibir la excelencia del Señor a quienes no lo conocen todavía (versículo 9).
También notemos que el verdadero discipulado está guiado por objetivos. El texto dice “…para enviarlos a predicar…” El discipulado debe involucrar el aspecto externo también. No está limitado a disfrutar de la presencia del Señor para tener una vida cómoda. Aquí hay un equilibrio sensible que debe ser preservado.
En segundo lugar, el Señor ha dado libertad para diseñar la logística y los detalles que no están especificados en las Escrituras. La existencia de un liderazgo plural a través de ancianos, la participación de los creyentes como sacerdotes activos, y la autonomía de cada congregación local reuniéndose para estudiar las Escrituras, es suficiente para discernir la mente y voluntad del Señor en situaciones específicas. Tristemente, algunas veces aquellos detalles en que los cristianos tienen libertad se convierten en temas que producen división y quiebran la comunión unos con otros. El peligro del desequilibrio No pretendemos explorar los diversos problemas que pueden surgir cuando las cosas se desequilibran, solo basta tener un breve recordatorio de lo que podría salir mal.
Hacer un énfasis excesivo sobre el discipulado interno y nada más, haciendo que el congregarse sea un fin en sí mismo, resulta por naturaleza poco saludable para los discípulos. Sin duda es muy importante reunirse para la adoración, para aprender de su Palabra, y orar, pero ¿cuál es el propósito? La iglesia no está llamada simplemente a establecer y mantener una sociedad exclusiva de santos con ideas afines, para asegurar que las reuniones de la iglesia continúen “hasta el fin”. Más bien, el objetivo de “estar con Él” es que “sean enviados”.
Por otro lado, el énfasis excesivo en lo externo, es decir, la extensión de la obra también puede causar un desequilibrio. Cuando el tamaño del grupo y el número de asistentes se convierten en lo más importante, conduciendo a que sea preferible “ajustar” o incluso dejar de lado cualquier doctrina o práctica que entorpezca la expansión, la iglesia elige sacrificar la fidelidad por tener relevancia ante la sociedad. Cuando se asumen actividades como fundar nuevas iglesias o misiones, antes que los discípulos involucrados estén sólidamente plantados, la desilusión puede surgir rápidamente.
En consecuencia, es vital que los ancianos se aseguren de que las grandes verdades estén en equilibrio. Un foco interno saludable es la mejor preparación para enfrentar las necesidades “allá afuera”. ¿Cuáles son algunos de los factores que contribuyen a ello? El contexto de nuestro pasaje (Marcos 3:11-15) sugiere siete áreas que ayudan a preparar discípulos. Lista de verificación para los ancianos Una vida santa. Justo en el párrafo anterior a nuestros versículos (vs. 11-12), el Señor rechazó el testimonio de espíritus malignos. Lo que éstos declaraban acerca de Él era verdad, pero el Señor quiere utilizar vasos limpios. La iglesia local es un lugar donde la verdadera santidad es modelada. No es la separación de personas según gustos externos como sucedía con la falsa santidad de los fariseos, sino la santidad personal demostrada por un profundo amor por el Señor que se aleja de la mundanalidad y las obras de la carne. Esto es de gran ayuda cuando se lo ve en la vida de los santos de mayor edad demostrando una conducta piadosa ante los discípulos más jóvenes. La santificación es una doctrina importante para ser enseñada a los discípulos en crecimiento.
Dependencia en oración. Antes de seleccionar a sus discípulos, el Señor se retiró a un lugar tranquilo para orar a solas (v. 13). No son, las largas oraciones floridas en público las que indican que un hombre o mujer son personas de oración, sino el testimonio a lo largo de los años al solucionar problemas personales y de la asamblea mediante una fidelidad a la oración en privado. Es verdad, la vida de oración se deja entrever en momentos de oración colectiva, pero esto es sólo “la punta del iceberg”. Mucho del trabajo verdadero se hace en privado.
El llamado de Dios. En el versículo 14, el Señor escoge a los discípulos llamándolos por su nombre. El llamado de Dios a sus siervos parecería que viniese de muchas maneras diferentes y está bajo la soberanía de la voluntad del Señor. La gama abarca desde un discernimiento hecho en retrospectiva basado en muchos años de fruto, hasta un llamado dramático como el de Pablo de Tarso, y probablemente muchas otras alternativas. Independientemente de cómo el Señor obra para seleccionar a los siervos, es importante que la asamblea, especialmente sus líderes, sean sensibles a reconocer el llamado de Dios a discípulos obedientes (esto está descrito claramente en Hechos 13:1-3).
La identidad del creyente. A través de las Escrituras y en esta sección (vs. 14 y siguientes), el discípulo se relaciona con el Señor por gracia, no por mérito personal. Esta es una lección muy importante para los creyentes jóvenes. Cada uno debe aprender quién es en Cristo mediante una relación personal más que por el éxito en la obra. Guiar a los creyentes jóvenes a una sólida comprensión de esta verdad es una obra primordial en la asamblea. Desafortunadamente, multitudes de verdaderos creyentes evalúan su relación con Dios basados en el desempeño de su trabajo.
Comunión. La iglesia es un lugar para la edificación de las relaciones. Pasar tiempo “con él” (vs. 14), que incluye pasar tiempo con el pueblo que conforma su cuerpo, es clave para una relación saludable en las familias y dentro de la iglesia, y es un prerrequisito vital para ser enviado a servir. Juan describe las relaciones como una prueba de la validez de la profesión cristiana (1 Juan 4:20).
Dones. En los primeros días de la obra de los discípulos, la obra consistía en la siembra de la Palabra; así de sencillo (vs. 14). Pero una vez que la cosecha había comenzado, y se había reunido una iglesia, la obra requeriría capacitar a los santos (Efesios 4:12), un aspecto significativo consiste en discernir y desarrollar los dones espirituales, y este trabajo se ve mejor realizado en la congregación local.
Autoridad espiritual. El Señor otorga a los discípulos la autoridad para hablar y actuar en su nombre (vs. 15). Con el paso del tiempo, los discípulos jóvenes aprenden que la iglesia no cumple con su obra al imitar los sistemas de las leyes, de los abogados y de las sanciones del mundo.
La vida espiritual tiene una autoridad que “no es de este mundo”. El Señor podrá estar ausente corporalmente, pero sigue presente en la fe y traerá a la luz (o “manifestará”) a quienes son aprobados (1 Corintios 11:19).
Hacer discípulos es una obra difícil pero gratificante. Comienza en serio cuando los ancianos examinan profundamente el equilibrio del enfoque hacia adentro y hacia afuera de su congregación. Los discípulos saludables sienten que deben “ir” y marcar la diferencia por Cristo. |