Los ancianos deberían mantener en alta estima las aptitudes prácticas de la hospitalidad y de la visitación. La hospitalidad se trata de que las personas “vengan a nuestros hogares”. La visitación consiste en “nosotros ir a sus hogares”. Estos son dos elementos que impactan la vida de la asamblea y permiten medir la temperatura de la salud de esta.

En primer lugar, si bien el título de este blog habla de “Avivar algo que está débil”, en realidad debemos reconocer que en muchos casos el ministerio de la visitación no está débil, sino que está muerto; ¡necesita resucitar! Hay quienes podrán objetar la palabra “programa” o “ministerio” por ser demasiada estructurada. Pero la idea es dejar en claro de que no estamos refiriéndonos a algo ocasional, visitas aleatorias que los ancianos hacen (especialmente cuando hay una crisis), sino de una metodología planificada y sistemática, que no pasa por alto a ninguno de los que son parte de la congregación.

Enfrentando el problema


En aquellas iglesias donde la visitación ha entrado en crisis, no es que los ancianos hayan dejado de amar a las ovejas, sino que han dejado de lado un método sistemático, a menudo debido a las demandas de las funciones administrativas tales como la toma de decisiones. Los ancianos y los diáconos deben contar con un plan consistente que les permita actuar “de acuerdo con lo establecido”, o “según sea necesario”. Es una falacia pensar que el Espíritu Santo se contrista cuando contamos con estructuras de responsabilidad; lo hacemos en otros entornos cuando insistimos en partir el pan todos los domingos, o comenzar cada reunión con un tiempo en la Palabra.

Piense en el pastor de medio oriente que hace pasar sus ovejas “por debajo de la vara”, es decir, las hace entrar al redil una por una pequeña puerta, dando cuentas por cada una y verificando el estado de cada una para saber si tiene problemas o necesidades. La idea es prestar atención personal a cada individuo, asegurándose de que nada sea pasado por alto. No podemos dar lugar a la idea de que “deben estar bien porque nadie se ha quejado”, esto sencillamente no es verdad.

Fijando buenas metas

 
Los ancianos tal vez debieran comprometerse a un nuevo comienzo. Tratar de enmendar los métodos que demostraron ser ineficaces no dará resultado.

Hay cuatro pasos que pueden simplificar el proceso: 1) Aclarar las cosas, 2) fijar metas realistas, 3) decidir sobre las acciones, y 4) adoptar una rendición de cuentas.

Primeramente, los ancianos deben estar convencidos, según las Escrituras de que la visitación del rebaño no es un proyecto simplemente para “estar haciendo algo”, sino que es parte esencial del pastoreo bíblico. Es probable que la mayoría ya estén convencidos de esto, pero un nuevo estudio de pasajes relevantes como Salmos 23, Ezequiel 34, Juan 10, Mateo 25:36 y Santiago 1:27 podría ser conveniente. Por otro lado, los ancianos tal vez deban admitir (confesarse) entre ellos y posiblemente a los santos, que han descuidado algunas cosas, y confirmar que con la ayuda del Señor están encarando una nueva dirección, solicitando a la vez la oración y la cooperación.

En segundo lugar, según el tamaño de la congregación y su liderazgo disponible, se debería fijar una meta realista. Parecería prudente visitar a cada individuo o unidad familiar mínimamente una vez al año en su lugar de residencia. Este último punto es importante, porque parte de la información obtenida durante la visita proviene de observar a los creyentes en su propio ambiente hogareño, y en consecuencia concientizarse de necesidades especiales de oración y cualquier circunstancia atenuante que de otro modo permanecería desconocida. De este modo se crea la oportunidad de identificar las primeras señales de peligro que raramente son observables en las interacciones que se tienen en público como lo es en la iglesia o en un restaurante.

En tercer lugar, las visitas iniciales deberían hacerlas dos ancianos, o un anciano acompañado de un hombre más joven. Y estas visitas deben establecer con claridad que el objetivo no necesariamente es tratar problemas, sino saber dónde viven las personas, y abrir las vías de que permitan tener una comunicación saludable en futuras visitas.

Es muy importante dar tranquilidad a las personas en esta etapa, puesto que, si la visitación ha sido descuidada por un largo tiempo, sería lógico que esto despertara nerviosismos. En consecuencia, es sabio organizar un orden de visitación después de informar que “podrán ser visitados en las próximas semanas”. Insista en la brevedad; una hora debería ser suficiente, para así evitar mucho tiempo en las preparaciones, asegúrese de mencionar que no deben tener ninguna comida lista.

¡Sea puntual! Prepare un simple temario como introducción, explicando lo que piensa desarrollar, y comience. Manténgalo simple. Incluya una breve oración al inicio, tal vez la lectura de un breve pasaje de las Escrituras mostrando el amor del Señor por su pueblo o la pasión de los ancianos por el cuidado de las ovejas, y luego continúe con algunas preguntas. Para la primera visita, planifique utilizar algunas preguntas estándar para crear la interacción. Para algunos les ha resultado útil transmitir estas preguntas de antemano, ayudando a la gente a prepararse y asegurarles que el tono será positivo. Recuerde, este no es un tiempo de enseñanza, o un tiempo para tratar necesidades o problemas que pudiesen surgir. Para tal fin, sería útil que los visitados vean que al menos un anciano toma notas, dando a entender que estarán orando, y que posteriormente podrán proporcionar ayuda o dar respuestas, etc.

Las preguntas deben ser sencillas pero cautivantes. “¿Cómo están tus cosas en tu caminar con el Señor?” “¿Cómo te sientes en la iglesia?” “¿Cómo podemos orar por ustedes?” “¿Les gustaría mencionar alguna cosa que nos ayudaría a ser mejores siervos?”

No se apresure, pero procure encausar cualquier conversación que tienda a desviarse hacia discusiones sobre temas doctrinales. Tome nota de las peticiones de oración y cualquier inquietud doctrinal o moral que surja y termine en oración.

Si presta cuidadosa atención al manejo del tiempo, entonces no sería irrazonable poder realizar dos visitas en una tarde. Por ejemplo, tres equipos realizando cada uno dos visitas en una tarde se lograrían visitar a seis individuos o familias, y no faltaría mucho para que la meta de visitar a todos salte a la vista pronto, lo que será gratificante.

En cuarto lugar, sea disciplinado acerca de rendir cuentas. Esto implica llevar un buen registro de quién, cuándo, dónde, qué necesidades de oración hay, etc. E informar a los creyentes acerca del progreso. Una parte de la reunión de ancianos podría dedicarse a breves informes de los hallazgos de cada equipo. Dicho sea de paso, para algunos ancianos ha sido útil reducir la cantidad de reuniones de ancianos, de modo que así pueden utilizar el tiempo que ya no usan en reuniones para visitar en vez de agregar más reuniones nocturnas durante la semana.

Cosechando los beneficios

 
El espacio no permite un análisis detallado acerca de las bendiciones que se producirán, pero aquí hay varias. Complacer al Señor inicia la lista, como él dijo: “Apacienta mis corderos” (Juan 21:15e). ¿Podría haber un mejor indicador de que quienes están en el liderazgo valoran a la gente? Y es difícil pensar sobre una mejor manera de extender el discipulado práctico a los hombres más jóvenes que involucrarlos en una genuina labor de pastoreo.

Luego sigue la visión gratificante de la gente dentro de la iglesia logrando un mayor entendimiento y práctica de la comunión entre ellos, abriendo sus hogares unos a otros con libertad. A medida que la sociedad continúa degradándose, es interesante notar la tendencia creciente de gente evaluando las iglesias por la comunión existente antes que por los detalles doctrinales.

Uno de los mayores beneficios se percibe mejor a posteriori. Los asuntos problemáticos que en su momento requerían grandes espacios de tiempo (y en consecuencia prolongadas reuniones de ancianos) se detectan tempranamente, como chispas diseminadas antes de convertirse en incendios forestales. Esto a su vez permite dedicar más tiempo a la gente.

Por último, con la mira puesta en el camino por delante, eventualmente se requerirán ancianos adicionales (o reemplazos). Esta es una buena señal cuando los hombres desean la obra de un anciano (1 Timoteo 3:1) habiendo observado el trabajo que hacen como un equipo afectuoso entre la gente, en vez de lo que se escucha frecuentemente: “Me encanta de realizar la tarea, pero no quiero el título”. Esta cualidad atractiva del grupo de ancianos (es decir, realizar la obra de ancianos en amor) se demuestra mejor mediante el tiempo que se pasa en las casas escuchando a los santos, que el tiempo encerrados en una habitación tomando decisiones hasta muy entrada la noche. Por supuesto que ambas tienen un lugar en la obra del Señor, pero no deberíamos descuidar lo primero por las demandas de lo postrero.
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Cortesía de APA

¿Hay algún tema que quisieras que abordemos en este blog, o tienes alguna pregunta? Escríbenos, y daremos respuesta en una próxima edición.

Te invitamos a orar por el crecimiento de este ministerio y por que Dios provea los recursos necesarios para seguir sirviendo a su iglesia.

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