En diversas ocasiones hemos considerado las responsabilidades y los trabajos de los ancianos que cuidan de la iglesia. Liderar en medio del pueblo de Dios ciertamente es un asunto noble e inagotable en lo que abarca. Pero ocasionalmente debemos contemplar la parte no visible de lo que significa ser un anciano, en especial, ¿qué tipo de corazón motiva al anciano?
En términos sencillos, los ancianos son hombres en quienes Dios ha estado desarrollando el corazón de pastor; amor y compasión por la gente, especialmente por el pueblo de Dios con todas sus fragilidades y necesidades. Cuando los discípulos contemplaron la ciudad de Jerusalén, se asombraron por las magníficas edificaciones (Marcos 13:1); pero cuando el Señor Jesús vio la ciudad, lloró sobre ella (Lucas 19:41), sabiendo que las personas “eran como ovejas que no tenían pastor” (Marcos 6:34).
El tema pastor/ovejas recorre toda la Biblia. Isaías brinda un buen resumen: “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros” (Isaías 53:6). En el Nuevo Testamento, los ángeles anuncian el nacimiento del Salvador a los pastores (Lucas 2:8). Dios enviaba a su Pastor al mundo, así que era apropiado notificarlo a otros pastores. Y sin embargo venía como cordero, el Cordero de Dios (Juan 1:29).
A lo largo de su ministerio, el Señor utilizó muchas ilustraciones acerca de ovejas, y se describió a sí mismo como el Buen Pastor que da su vida por las ovejas (Juan 10:11). En las epístolas, la analogía continúa ya que él Señor Jesús es denominado el Gran Pastor (Hebreos 13:20) y el Príncipe de los Pastores (1 Pedro 5:4).
Como creyentes, los mismos ancianos son ovejas necesitadas de un Pastor. Ellos también, están siendo conformados a la imagen de Cristo. No obstante, en un sentido particular, los ancianos se transforman en “sub-pastores” o “pastores auxiliares” de Dios que cuidan de Su rebaño, en la comunidad local de cada uno. Ellos pueden dar vida a las palabras del Señor Jesús a Pedro al poner en práctica una fuerte correlación entre el amor al Señor y el cuidado de sus ovejas (Juan 21:15).
Una cuestión del corazón
Pero el corazón de pastor no surge espontáneamente. Es la respuesta agradecida de quien en primer lugar ha sido una oveja por algún tiempo. Esto coloca toda la obra sobre el sólido fundamento del amor. No puede haber otra motivación. La tarea de pastor no debe surgir de presiones externas o del deseo de ganancia. El anciano pastor trabaja directamente subordinado al Príncipe de los Pastores y puede decir siempre: “El Señor es mi Pastor…”
Ahora bien, es verdad que, a lo largo del Nuevo Testamento, el sustantivo “pastor” no se aplica directamente a los ancianos como título. No obstante, como se observa en la instrucción de Jesús a Pedro, se les instruye a alimentar, nutrir y cuidar el rebaño de Dios (Juan 21:15-17). Y se les dice que apacienten/pastoreen el rebaño de Dios entre ellos (1 Pedro 5:1-2). Estas son labores sensibles e íntimas que surgen de un corazón compasivo antes que de decisiones premeditadas por un ejecutivo de negocios. Siempre, el anciano considera el ministerio de pastor del Señor Jesús, buscando entender el corazón de Él y seguir sus pasos.
Consideremos algunas de las marcas del corazón de un pastor. El “Amor” no lo listamos como un elemento aparte ya que es la base de todo. Sin amor, no puede haber un verdadero trabajo de pastor.
El cuidado
En su primera carta a Timoteo, Pablo compara el pequeño rebaño del hogar del anciano con el rebaño más grande que es la iglesia de Dios. Utiliza el verbo cuidar, “… ¿cómo podrá cuidar de la iglesia de Dios?” (3:5). Más adelante, al describir a este mismo joven, Pablo explica que no tiene otro colaborador como Timoteo que velará naturalmente por el bienestar del pueblo de Dios. Pablo conocía el peso de esta palabra porque anteriormente se había referido a la carga que sentía en su “preocupación por todas las iglesias” (2 Corintios 11:28).
Las personas son como ovejas: son débiles, indefensas, a menudo son difíciles y son una presa fácil para el enemigo. El corazón de pastor no marca la hora de entrada y salida ni cumple horarios cuando se trata del cuidado. Debe cuidarlas porque el Buen Pastor cuida de ellas.
Prioridades
Pedro, al escribir a sus lectores en la dispersión, les recuerda que por la gracia de Dios han vuelto al “Pastor y Obispo de sus almas” (1 Pedro 2:25). Es notable el orden de estos títulos hermosos. “Pastor” se refiere al derecho de posesión y de sacrificio. “Obispo” (o Sobreveedor) hace referencia al orden. Ambos son importantes, pero la alimentación del rebaño debe tener prelación sobre las presiones organizacionales. Muchos en el mundo de los negocios invierten este orden y despliegan un mayor interés por la toma de decisiones y deberes administrativos que por la atención de la gente. Esto siempre es un peligro, especialmente en una iglesia en crecimiento donde las funciones administrativas pueden absorber el afecto emocional, sin dejar de mencionar el tiempo del pastor.
Conociendo a las ovejas
Proverbios 27:23 encarga a los pastores a que conozcan el estado de su rebaño. A medida que las familias crecen, esto se vuelve un desafío. ¿Cuáles son los nombres de todas esas pequeñas ovejas (niños) que van creciendo? ¿Podemos llamarlas por su nombre? El Buen Pastor lo hace (Juan 10:3). Orar por ellas una por una, y visitarlas en sus hogares será de gran ayuda para llegar a conocerlas y amarlas como individuos.
Otra pregunta: ¿Tenemos noción del ritmo de crecimiento en cada vida? Comprender esto nos ayudará a decidir cómo enseñar; así también podremos saber cuáles son las contribuciones que la comunión está haciendo a las familias, cuáles son las necesidades de oración que deberían enfatizarse en los momentos de oración, etc.
El lebrillo y la toalla
Antes de ir a la cruz, el Señor Jesús reunió a los suyos en el aposento alto para pasar un tiempo con ellos. Había cosas en la vida de ellos que requerían atención antes que él pudiese enseñarles acerca del futuro. En Juan 13 le vemos lavando los pies pacientemente a cada discípulo. Es posible que no entendieran el significado de todo esto en ese momento, pero con el correr del tiempo verían la necesidad de hacer el uno al otro lo que él les hizo a ellos.
Poco tiempo después, les habló con una analogía distinta: la vid y sus ramas (Juan 15). Aquí el tema fue el fruto; el dueño de la viña viene a podar las ramas. El lavado de pies es un trabajo sucio; la poda de las ramas sugiere poder y control. ¿Cuál es nuestro pensamiento acerca de todo esto en relación con nuestro trabajo como ancianos? Notemos que el Señor nos da a cada uno de nosotros el ministerio del lebrillo y la toalla, pero la tarea de la poda no es tarea de nadie más. ¡Cuando las ovejas son testarudas e ingratas, es muy tentador dejar el lebrillo e ir en busca del cuchillo! Sin embargo, el corazón de pastor sabe que hay Una sola mano que es digna de hacer esa tarea.
La vara y el cayado
Los pastores de oriente tenían pocas herramientas de su oficio, pero generalmente llevaban un cayado, a veces denominado “báculo”, y el cual tenía un gancho curvo en un extremo. Esto era útil para arrastrar a una oveja descarriada de vuelta al camino. David, el pastor y rey, conocía el valor de este instrumento en el trabajo con las ovejas y lo mencionó cuando cantó: “Tu vara y tu cayado me infundirán aliento” (Salmos 23:4). Cuando una oveja se descarría algunos dirán (o pensarán): “que sufra lo que merece…” Pero el pastor no puede razonar de esta manera. Deja a las 99 ovejas en un lugar seguro y sale hacia los montes para buscar a la perdida. ¡Esto puede implicar un trabajo ingrato y que demande mucho tiempo! Pero cuando la oveja ha vuelto sin daño al hogar, el corazón del pastor se regocija. Llama a sus amigos y dice: “Alégrense conmigo; ya encontré la oveja que se me había perdido” (Lucas 15:6). ¿Está prevista la celebración en su asamblea cuando un alma descarriada vuelve a la comunión?
Desarrollados con el tiempo
Los corazones de pastor no son de fabricación en serie, se forman a lo largo del tiempo con las experiencias de la vida, y mediante la silenciosa comunión con el Príncipe de los Pastores.
Recordando los fundamentos
Cada anciano debería mantener en enfoque en los fundamentos, recordando que su propia familia es un pequeño rebaño; que a través de la Palabra y la oración él puede sentarse y aprender a los pies del Gran Pastor; que sus co-ancianos son colaboradores entre el rebaño; que la reunión de ancianos no es primordialmente una reunión administrativa, sino una mini conferencia pastoral; y que las ovejas saludables y bien alimentadas crecerán y se reproducirán. Trabajar en un ambiente como éste llevará al anciano ocupado a unirse en canto con David: “Mi copa está rebosando…”