Recientemente conversando con uno de los ancianos de mi iglesia, él hizo un comentario que me llamó la atención. Al estar organizando ciertas actividades, concluimos que era importante saber dirigirlas, esto con el fin de asegurarnos de cumplir el propósito de estas y también de que en efecto fueran de verdadero estímulo para la asamblea, y fue dentro de este contexto que él dijo “la intencionalidad no siempre es fácil”, y creo que es muy cierto.
En Proverbios 29: 18a (LBLA) Dios dice “Donde no hay visión, el pueblo se desenfrena” y esto es cierto no solamente respecto de la visión que los líderes deben tener para la iglesia, ni la enseñanza que los maestros deben impartir, sino también de las actividades que se realicen en la dinámica natural de la asamblea.
Seguramente has tenido la experiencia de asistir a una reunión en la que no son claros ni el orden ni el objetivo, o en donde no se sabe quién realmente está a cargo, y por esto es que considero importante la intencionalidad.
Al hablar de intencionalidad respecto a las actividades que se realicen en la asamblea, básicamente buscamos responder una pregunta elemental: ¿cuál es el objetivo de esta actividad, de esta reunión o de esta celebración? No tiene sentido hacer o programar diversos eventos sin tener un objetivo claro en mente, porque, de acuerdo con el versículo que estamos considerando, el resultado es el desenfreno, es decir actividades sin control o sin sentido, conversaciones divergentes y resultados poco efectivos.
El don de presidir
En Romanos 12: 8, Pablo, hablando sobre el ejercicio de los dones, hace énfasis en saber hacer buen uso de la diversidad de dones que hay en una congregación, entendiendo que cada hermano es más efectivo cuando tiene la oportunidad de ejercer el don que Dios le ha otorgado, y entre los dones que menciona en este pasaje, Pablo habla del don de presidir, o de liderar. Este versículo en palabras de la Nueva Traducción Viviente, es expresado de esta manera: Si tu don consiste en animar a otros, anímalos. Si tu don es dar, hazlo con generosidad. Si Dios te ha dado la capacidad de liderar, toma la responsabilidad en serio. Y si tienes el don de mostrar bondad a otros, hazlo con gusto (énfasis añadido).
De modo que es importante que cada asamblea, y cada evento o reunión cuente con la participación de hermanos que tengan la capacidad de liderar y que lo hagan con esmero, tomando en serio esa responsabilidad, de eso se trata la intencionalidad.
Los ancianos y los que presiden
Los ancianos no necesariamente son los que siempre están a cargo de dirigir las reuniones o las actividades de la asamblea, así que su labor es saber enseñar, instruir y capacitar a aquellos hermanos que presiden para que puedan ser más efectivos en su servicio.
Esta instrucción debe incluir no solo aspectos prácticos para el desarrollo de las actividades, sino también principios de fondo, aquellos aspectos que van más allá de lo superficial y lo práctico. Por ejemplo, explicar el objetivo de la reunión o de la actividad, llevando a los hermanos que sirven con estos roles a tener presente la visión de la asamblea, los objetivos específicos de la congregación y cómo dicha actividad refuerza todo lo anterior.
Los riesgos de la espontaneidad
Si bien todo tiene su tiempo, y sin duda en la vida de la asamblea también es bueno gozar de espacios menos rígidos o estructurados que den lugar a la comunión espontánea, cuando no se cuenta con una organización definida enfocada en la edificación del pueblo de Dios, el resultado no va a ser tan provechoso como se esperaría.
Una reunión desordenada y sin sentido incomodará a los visitantes o a quienes hayan sido invitados por primera vez. La falta de claridad en el objetivo de la actividad o la reunión puede minar la confianza de los asistentes para otras actividades futuras. Es probable que las reuniones dominicales estén mejor organizadas y estructuradas, sin embargo, es importante asegurarse de que todo lo que se haga tenga un sentido razonable. El tiempo de la Cena del Señor, la manera en que se organice ese tiempo, aun tomando un par de minutos para explicar por qué se hace. Así mismo las ofrendas, o el tiempo de cantos congregacionales, tal como instruye Pablo en 1 Corintios 14: 40, “pero hágase todo decentemente y con orden”. Todo esto implica intencionalidad.
Conclusión
La planeación organizada es importante para la vida de la iglesia. Podemos dejarnos llevar por la rutina de hacer siempre las cosas de la misma manera, cumplir con los puntos previstos para el programa de cada reunión, pero no hacer un trabajo para el Señor que conduzca verdaderamente a tener un efecto en las vidas de las personas y en la comunidad misma de la iglesia. Por esto es importante la intencionalidad, la disposición a planear de manera objetiva el desarrollo de la iglesia, los temas que han de enseñarse conforme a las necesidades que hay, las metas que deseamos alcanzar para el crecimiento en madurez y conocimiento de cada miembro, y el plan para seguir haciendo discípulos, todo haciéndolo de manera integrada buscando siempre conformarnos a lo que Dios quiere para su pueblo.
Seamos intencionales en el trabajo que hacemos para el Señor.