Hoy, muchas iglesias están evaluando a fondo el tema del liderazgo de la iglesia. Algunas han estado estudiando las enseñanzas del Nuevo Testamento; otras se han visto forzadas a reconsiderar sus prácticas tradicionales debido al “púlpito vacío”, y aún otras han llegado a la conclusión que el sistema convencional simplemente no funciona como se esperaba, y esto ha dado lugar a revisar las raíces de la iglesia, mirando los principios que Dios estableció en el Nuevo Testamento, uno de los cuales es el liderazgo por una pluralidad de ancianos, algo que resulta ser bíblico, práctico, y realista para la iglesia de hoy.
Para comenzar, consideremos por qué es valiosa la pluralidad. Para muchos, las afirmaciones sencillas de las Escrituras y la práctica de la iglesia primitiva son suficientes. Sin embargo, para aquellos que sólo han conocido una forma de liderazgo donde el “pastor” es tanto el administrador en jefe y principal predicador, la pregunta podría ser “¿cómo podrían hacerse las cosas de otra manera?”
Con el aprecio y respeto que corresponde al considerar otros modelos o grupos, debemos considerar humildemente la posibilidad que el sistema de liderazgo plural de la iglesia podría ser el resultado de una lucha espiritual en favor de la verdad.
Lamentablemente, a lo largo de la historia se ha generado la división entre espectadores no participantes y beneficiarios del “ministerio religioso” denominados “laicos”, quienes son solo observadores, mientras que el “clero” profesional se ocupa de la iglesia. Esta división en clases separadas de “clero” y “laicos” carece de un apoyo sólido en el Nuevo Testamento y en realidad se opone a la misma esencia de la fe cristiana; la salvación y madurez, y el funcionamiento de cada verdadero creyente.
Argumentos en favor de la pluralidad
1. La enseñanza de Jesús.
En Mateo 23:8-10, nuestro Señor prohíbe asumir títulos religiosos a sus seguidores porque “uno es vuestro Maestro, el Cristo, y todos vosotros sois hermanos”. La mención específica de Rabí, padre y maestro bien podría aplicarse a los judíos, católicos romanos y protestantes, pero la cuestión es que CUALQUIER título que separe a los hombres en clases ministeriales está prohibido por el Señor.
2. El ejemplo de la iglesia primitiva.
La configuración normal de las iglesias en los días del Nuevo Testamento está enunciada en Filipenses 1:1 “…a todos los santos en Cristo Jesús que están en Filipos, con los obispos y diáconos…” La palabra “obispos” es sinónimo de “ancianos/sobreveedores”. Observa que las descripciones están en plural, sin embargo, se trata de una iglesia local individual en Filipos (ej. 1 Tesalonicenses 5:12, Hebreos 13:7, 17).
3. La enseñanza y la práctica de los apóstoles.
Pablo ordenó a Tito a “que… establecieses ancianos en cada ciudad, así como yo te mandé”. Al volver a visitar las iglesias en Galacia, Pablo y Bernabé siguieron un modelo consistente: “Y constituyeron ancianos en cada iglesia…” (Hechos 14:23). Pedro ordenó especialmente a “Ruego a los ancianos que están entre vosotros…” (1 Pedro 5:1). Nada indica que la iglesia esté incompleta si no se cuenta con el rol centralizado por un ministro o pastor ordenado. En la carta de Santiago, a menudo considerada la primera carta escrita del Nuevo Testamento, se manda a los creyentes enfermos: “¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia…” (Santiago 5:14). En todos los casos, hay pluralidad.
4. La enseñanza bíblica respecto de la seguridad de la pluralidad.
Proverbios 11:14 dice: “Donde no hay dirección sabia, caerá el pueblo; mas en la multitud de consejeros hay seguridad”. No importa cuán sabio y piadoso pueda ser un hombre, aún así está sujeto a ser engañado y errar en su juicio. Algunos objetarán que aún un rey como supremo gobernante puede tener consejeros. Pero una cosa es pedir un consejo sabio reservándose uno el derecho a la decisión final, y muy diferente es buscar la voluntad de Dios al orar y trabajar juntos en un verdadero equipo que busca la unanimidad y el consenso.
5. La doctrina del sacerdocio de todos los creyentes.
Esta doctrina requiere que los líderes de la iglesia sean personas comunes y no una clase clerical separada. El espíritu e intención de numerosos pasajes tales como 1 Pedro 2:5, 9; 1 Corintios 14:26; Efesios 4:11-16 y Apocalipsis 1:5-6 dan por hecho que cada creyente cristiano es un sacerdote santo con funciones espirituales para desarrollar en la iglesia, y que éstas no están limitadas a deberes periféricas o no esenciales, sino a la misma comunión con Dios y los asuntos del cuerpo de Cristo.
6. La confirmación de la historia.
En los muchos avivamientos y reformas, un retorno a la Palabra de Dios y el movimiento del Espíritu de Dios siempre estuvieron acompañados por una creciente apertura al involucramiento de creyentes comunes. Sin embargo, a menudo la tendencia ha sido parcial, y la maquinaria de los sistemas religiosos organizados ha rechazado la participación de personas “comunes” realizando “oficios sacerdotales”.
Consideraciones prácticas.
Donde hay una persecución religiosa muy opresiva, el estilo de gobierno clerical en la iglesia no puede prosperar. Los creyentes deben reunirse secretamente, a menudo en casas y las funciones de liderazgo necesariamente son responsabilidad de personas trabajadoras comunes.
Por otro lado, en el movimiento evangélico occidental, suele observarse la discontinuidad que se produce cuando se presenta una transición en el liderazgo. Contrasta el escenario del “púlpito vacío”, donde resulta urgente encontrar alguien que predique, evaluando candidatos postulantes que son ajenos a la congregación, con una transición tranquila hecha dentro de un equipo de liderazgo, a medida que hombres más jóvenes crecen en el pastoreo y reemplazan aquellos que ya no pueden permanecer en la misma ciudad o van a estar con el Señor.
Argumentos antagónicos “de las Escrituras”
Probablemente el pasaje citado más a menudo en la objeción es el liderazgo de Santiago en Hechos 15. No hay duda que él proveyó un verdadero liderazgo. Pero nunca se lo mencionó con ningún título religioso, y él sólo resumió las conclusiones a las que todos ya habían llegado; él no tomó la decisión por su cuenta (Hechos 15:25 “habiendo llegado a un acuerdo”). En la carta escrita por el consejo, ni siquiera se menciona su nombre. Más bien el saludo fue enviado de parte de “los apóstoles y los ancianos y los hermanos…” v.23.
El hecho de que Santiago esté mencionado con especial honor y respeto es fácilmente comprensible por ser el hermano terrenal del Señor Jesús. Pero esto de ninguna manera alguna prueba que él fuera “el Pastor de la iglesia de Jerusalén” al igual que, una mención aislada de “María la madre de Jesús” junto con “otras mujeres” (Hechos 1:14) no puede ser el fundamento para suponer que María era la presidenta de la asociación de mujeres de la iglesia.
En segundo lugar, Efesios 4:12 menciona “pastores”, pero el contexto no es el del liderazgo de la iglesia, sino de los dones espirituales. Las Escrituras nunca confunden dones espirituales (dados por el Espíritu Santo) con posiciones de liderazgo (otorgadas a través de años de experiencia). En realidad, el único individuo en todo el Nuevo Testamento identificado por el sustantivo “pastor” es el Señor Jesucristo mismo (1 Pedro 5:4).
Por último, algunos enseñan que los ángeles de las iglesias en Apocalipsis 2 y 3 son referencias a los pastores de iglesias. Pero en ninguna otra parte los líderes de iglesia son llamados ángeles (mensajeros) y si bien hay buenas palabras tanto para pastor como para anciano, ninguna de ellas fue elegida por el escritor Juan. ¿Por qué las iglesias tienen representantes angélicos? Sigue resultando una pregunta válida, pero es una posición teológica forzada el recurrir a esta mención de los ángeles como referencia a pastores de iglesias.
Objeciones prácticas al liderazgo plural
Las objeciones generalmente se producen en dos áreas: 1) se hace más difícil tomar decisiones cuando hay varias personas involucradas, 2) los hombres comunes y corrientes ni tienen el tiempo ni la capacitación para liderar la iglesia.
Respecto de la primera, si el objetivo principal en el liderazgo de la iglesia fuese la rapidez en la toma de decisiones, entonces no cabe duda de que una sola persona puede tener unanimidad más rápidamente. Pero la iglesia no es del mundo empresarial. Las oportunidades de crecimiento espiritual, comunión afectiva, el desarrollo de capacidades de escucha y comunicación, y esperar en el Señor juntos para Su guía, brinda ventajas al enfoque de trabajo en equipo, lo cual tiene mayor peso que las posibles desventajas.
En cuanto a la segunda objeción, uno debe considerar la naturaleza y propósito de la iglesia. Es un lugar donde se forman discípulos. Hombres que aman al Señor y su pueblo, y que harán lugar en su agenda ocupada para estudiar la Palabra y cuidar de la grey. No son reconocidos o amados por sus títulos educativos, sino simplemente por una sabiduría piadosa, y por compartir con otros lo que hallan en el Señor en su caminar personal.
Hombres piadosos han formado familias, han desarrollado trabajos seculares, y sin embargo han funcionado efectivamente como líderes de iglesia. Como parte de un equipo de trabajo, cada uno utiliza su don y contribuye con su parte, resultando en una iglesia saludable que crece.
¡Con razón un número creciente de iglesias están haciendo la transición a iglesias lideradas por ancianos!
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Adaptado con permiso de APA