En el artículo anterior, meditamos
acerca de cómo el Señor pasó tiempo con sus discípulos para prepararlos y poder
enviarlos a hacer su obra. Notamos la importancia de preservar un equilibrio
entre los aspectos “internos” y “externos” como aspectos esenciales del
discipulado. Por último, recorrimos una lista de verificación de cualidades
espirituales que los discípulos deberían estar aprendiendo en la asamblea como
parte de su capacitación.
En este artículo, meditaremos cómo
los ancianos pueden liderar mostrando el camino en esta importante dimensión de
la vida de la asamblea, si la iglesia ha de ser el lugar de formación de los discípulos,
¿no es razonable que aquellos que lideran lo hagan? No puede haber mejor evidencia
de un proceso de discipulado que un conjunto de creyentes jóvenes espiritualmente
sanos y activos en carrera para continuar la obra tanto en casa como afuera en
“el campo”.
Lecciones acerca del
discipulado
En Lucas 14, el Señor impartió una
importante enseñanza acerca del discipulado, incluyendo dos ilustraciones
claves: una acerca de un hombre planificando construir una torre (vs. 28-30) y
la otra acerca de un rey enfrentando el ataque del enemigo (vs. 31-32). Hay
buenas lecciones para aprender de sus palabras, que nos pueden ayudar a evaluar
la solidez de la formación de discípulos en nuestra asamblea, y sugieren una
serie de pasos para adoptar en caso de que sea débil.
Primeramente, observamos que en
ambas ilustraciones se requería una decisión activa. Nada iba a suceder de
forma espontánea y la pasividad inevitablemente conduciría a elegir no ir a la
guerra o no construir la torre. Por el contrario, optar por avanzar
necesariamente involucraría el sacrificio del tiempo, energía y bienes. Algún
elemento de riesgo estaría en juego.
Notemos también que ambos relatos
transmiten la verdad de que la decisión de actuar está orientada por objetivos,
un fin que es valioso para la persona responsable. Luego, también, cada uno
tendría individuos a su cargo cuyas vidas se verían afectadas por sus decisiones.
¡Esta ya es una consideración seria!
Por otro lado, cada decisión, una vez
hecha la decisión, esto requerirá desarrollar un plan detallado que deberá ser
respetado.
La idea de que cada uno esté haciendo
“lo suyo” resultaría en un desastre. En relación con esto, no sería mala idea
que los ancianos se pregunten entre sí: “¿Cuál es nuestro plan? ¿Tenemos un
plan? ¿La gente lo conoce?
Por último, las dos historias ilustran
la verdad de que el discipulado es aplicable a la obra del Señor en dos
esferas: en el hogar (la edificación de la torre), y en el mundo (marchar a la
guerra). La base de operaciones debe mantenerse fuerte para que los guerreros
que retornan puedan ser fortalecidos y enviados de nuevo.
Avanzando
Una vez tomada la decisión de
avanzar, es importante continuar evaluando el progreso. ¿Los que hacen parte de
la congregación comprenden que esta iglesia local toma en serio el discipulado
y que tiene un plan de acción? ¿Los ancianos están dispuestos a enfrentar
obstáculos como las duras críticas de parte de creyentes jóvenes (aprendices),
o problemas en las relaciones que puedan dar lugar a oposición a su liderazgo?
Un aspecto crucial en la
capacitación de discípulos es el tema de realizar buenas “transiciones”, una
palabra de gran ayuda para los ancianos. Esto es diferente a la idea igualmente
importante de “pasar el testigo o la posta” en una carrera. Pasar el testigo
describe el proceso de encomendar la obra a la próxima generación. La
transición es el proceso del discípulo durante propia capacitación.
Los discípulos deben ser instruidos a
esperar un cambio o una transición en su manera de pensar, al pasar de ser únicamente
“receptores” a ser “dadores”. Esto en ningún modo es diferente al proceso de
crianza de un niño en el hogar. En los primeros años de vida, los niños son
grandes “consumidores” de tiempo, bienes, y amor, pero a medida que maduran, comienzan
a asumir algunas de las responsabilidades de cuidar de la casa y a la familia.
Con ambas ideas, es esencial que los padres o capacitadores estén dispuestos a delegar
a otros la obra, y aceptar el hecho de aquellos que anteriormente sólo podían
recibir, ahora sienten la necesidad de dar.
Permíteme ilustrarlo con esta experiencia
personal: al finalizar una serie de enseñanzas a lo largo del libro de Filipenses
en nuestro pequeño grupo que se reunía en una casa entresemana, el cual todos
parecían disfrutar, la pregunta lógica fue “¿Qué podemos estudiar a continuación?”
Como maestro de la Biblia, uno tiene opiniones de lo que beneficiaría al grupo,
pero cualquier libro que se escogiera sería beneficioso.
Durante la semana, recibí un mensaje
del hermano lideraba nuestro pequeño grupo, quien era más joven que yo. Él
comentó que, ya que los ancianos de nuestra iglesia habían escogido enfatizar
el tema del discipulado ese año, él quería probar en el grupo una idea era un
poco diferente. Estaría orientado a que las personas estuvieran más involucradas.
Después de todo, razonó, la gente tiende a ser perezosa. Mientras disfrutan
estar sentados durante la enseñanza de la Palabra, ¿están creciendo activamente
como deberían hacerlo?
Ahora, algo que he aprendido en la
formación de discípulos es que el fervor y la visión de los jóvenes deben ir de
la mano con el trabajo, de lo contrario serán esfuerzos desperdiciados. El vino
nuevo romperá los odres viejos, como lo definió el Señor. ¿Quién quiere ser un
odre viejo que se rompe y derrama el vino, en vez de ser flexible? “Por qué no
pruebas, yo te apoyaré en todo lo que pueda”, le dije.
En la siguiente reunión, había 8
personas presentes. Este hermano joven dividió al grupo en cuatro grupos más
pequeños de dos personas cada uno, y dio a cada pareja un par de versículos con
una tarea: “Tomen unos 15 minutos y estudien los versículos, y luego nos
juntaremos e informaremos de nuestros hallazgos acerca del lugar que debiera
ocupara la Palabra de Dios en nuestras vidas privadas”.
El joven hermano con quien tuve que
hacer el ejercicio era alguien relativamente nuevo en la asamblea que nunca hablaba
en público, y solía guardar silencio en las reuniones del grupo pequeño. Me
asombró ver cómo buscaba cada versículo, y explicaba lo que le parecían decir
en sus propias palabras. Por mi parte, contuve mis propios pensamientos acerca
de dichos pasajes, que eran bien conocidos; podía ver que estaba sucediendo
algo maravilloso. Él estaba descubriendo la verdad de Dios por su cuenta y
expresándola en palabras que tenían sentido para él. Dios le estaba hablando al
corazón, y en un instante iba a tener la oportunidad de devolver algo a los
otros.
Cuando el grupo se reunió de vuelta
y cada uno se turnó para compartir lo que había descubierto, era evidente que algo
similar había ocurrido en los demás grupos. Me complació ver la disposición de
mi compañero para hablar en representación de nuestro “grupo”. Lo apoyé con varios
pensamientos adicionales, pero mi corazón estaba silenciosamente agradeciendo
al Señor por el crecimiento que estaba viendo en una sola noche.
Mirando hacia afuera
Todo lo descrito anteriormente encuentra
su máximo cumplimiento cuando el discípulo se involucra activamente en
contribuir en algún aspecto de la Gran Comisión fuera de la iglesia mediante el
servicio personal y el compromiso. Esto produce familias piadosas; esto es lo
que edifica a la asamblea.
Por ende, es sumamente importante
que la iglesia sea un lugar no solo para preparar y capacitar discípulos, sino
un lugar donde el resto del proceso de formación de discípulos sea apoyado. La
comunicación de necesidades y oportunidades de participación mediante el
trabajo en campamentos, ministerio carcelario, misiones de rescate o ministerios
con universitarios son algunos ejemplos. Quienes tienen casas adecuadas, pueden
abrirlas para estudios bíblicos, grupos pequeños, reuniones de oración o para
brindar hospitalidad a misioneros visitantes. Los viajes misioneros cortos
pueden proveer una experiencia invalorable para los jóvenes discípulos.
Este tipo de oportunidades ayudan al
proceso de formación de discípulos al proveer oportunidades prácticas de la
vida real para el involucramiento, y serán de mayor provecho si se desarrollan
con el conocimiento y la bendición de los ancianos de la asamblea. Esto a su
vez tendrá un “efecto de moldeo” saludable en la misma iglesia. ¿Hay momentos
para que las necesidades de oración y grandes logros puedan ser compartidos con
la congregación? ¿Existen fondos para enfrentar necesidades especiales? Si el
crecimiento y la bendición son evidentes, ¿hay una actitud receptiva al llamado
de Dios para encomendar una persona a un servicio más extendido?
En Lucas 14, el Señor terminó su
mensaje sobre el discipulado comparando a los discípulos con la sal. La sal no
produce ningún efecto reposando en el salero; debe ser aplicada a la comida.
Los ancianos deben preguntarse si los creyentes cuyas almas están bajo su
cuidado (Hebreos 13:7) realmente son sal en la comunidad y en el mundo. Este es
el verdadero objetivo del discipulado, y el cumplimiento de la Comisión que nos
fue dada por el Señor.