Sigan mi ejemplo
Vosotros sabéis cómo me he comportado entre vosotros todo el tiempo, desde el primer día que entré en Asia, sirviendo al Señor con toda humildad.
Hechos 20:18-19
Dios nos ha dado un regalo especial en el mensaje de despedida de Pablo a los ancianos de Éfeso. Este mensaje, documentado por Lucas hace dos mil años, es tan urgente hoy como lo fue cuando se pronunció por primera vez.
De hecho, nada en el Nuevo Testamento es comparable con este mensaje. Es el único lugar del Nuevo Testamento donde Pablo habla directamente a los ancianos de una iglesia y les da sus últimas órdenes de marcha. Hechos 20 es un invaluable tesoro escondido de sabiduría y discernimiento para todos los líderes de iglesias, de parte del apóstol que Cristo escogió y envió a las naciones gentiles.
En él, Pablo responde muchas preguntas respecto a los ancianos. Su discurso sirve como clave interpretativa, explicando sus enseñanzas sobre los ancianos registradas en algunas de sus cartas. Aquí, Pablo identifica a los ancianos y explica lo que espera de ellos. Ellos son “sobreveedores” de la iglesia local. Son los varones que el Espíritu Santo ha señalado con el propósito explícito de pastorear la iglesia de Dios.
El discurso de despedida de Pablo demuestra su alta estima por los ancianos de la iglesia y el rol indispensable que ellos tenían de proteger de los lobos al rebaño de Dios. El anciano que no conozca el contenido del mensaje de Pablo a los ancianos en Éfeso no está bien preparado para dirigir y proteger al pueblo de Dios. De hecho, cada nueva generación de líderes en la iglesia debe redescubrir las instrucciones de Pablo a los ancianos de Éfeso.
Debido al espacio limitado que tengo en este libro, no puedo hacer justicia a este pasaje único y notable de las Escrituras. De manera que he escrito todo un libro sobre este pasaje, titulado Hechos 20: Lobos rapaces vienen, protejan el rebaño. Este libro te dará una exposición más detallada de ese último encuentro cara a cara entre Pablo y los ancianos de Éfeso. Te desafío a proponerte dominar el contenido de este mensaje profético y apostólico de Pablo, estúdialo, memorízalo, medita profundamente en él, conversa sobre él, enséñalo y vívelo. Este pasaje es esencial para la capacitación de futuros ancianos pastores.
UN EJEMPLO A SEGUIR PARA LOS ANCIANOS
Vosotros sabéis cómo me he comportado entre vosotros todo el tiempo, desde el primer día que entré en Asia, sirviendo al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas, y pruebas que me han venido por las asechanzas de los judíos; y cómo nada que fuese útil he rehuido de anunciaros y enseñaros, públicamente y por las casas, testificando a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo (Hch. 20:18-21).
Por tres años, Pablo trabajó como misionero en la ciudad de Éfeso (52-55 d.C.). Aquellos años fueron de los más fructíferos de su ministerio evangelístico. Lucas comenta que “todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús” (Hch. 19:10). Sin embargo, también fueron unos de los años más difíciles en la vida de Pablo porque tuvo muchos adversarios.
Yendo rumbo a Jerusalén en la primavera del 57 d.C., su barco se detuvo en la ciudad portuaria de Mileto: “Enviando, pues, desde Mileto a Éfeso, hizo llamar a los ancianos de la iglesia” (Hch. 20:17). En Éfeso, había trabajado de cerca con un grupo de líderes en la iglesia llamados “ancianos” u “obispos” o “sobreveedores”. Él conocía íntimamente a estos varones y ellos lo conocían a él. Todos trabajaban juntos en el evangelio y en el ministerio pastoral. Aquella fue una reunión de despedida profundamente conmovedora entre estos queridos amigos, en la que hubo hasta lágrimas.
Recuerden mi ejemplo
Cuando los ancianos de Éfeso llegaron a Mileto, Pablo comenzó su mensaje recordándoles lo que ellos ya sabían de su vida y ministerio. Les dijo: “Vosotros sabéis”. En tres ocasiones en este pasaje, Pablo insta directamente a los ancianos a recordar sus experiencias pasadas con él como líder y maestro (Hch. 20:18, 31, 34).
Él sabía que una de las necesidades más importantes que tenían los ancianos era contar con ejemplos que se asemejaran a Cristo a quienes pudieran observar y emular. Pablo entendía perfectamente que su ejemplo de vida y su carácter eran un modelo que otros podían imitar. En su carta a los creyentes en Corinto, les exhortó: “Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo” (1 Co. 11:1; cp. Fil. 3:17). Esta no era una exigencia arrogante. Pablo podía decir esto sin orgullo porque él mismo estaba imitando a Cristo y, más que ninguna otra cosa, quería enseñar a los creyentes a imitar a Cristo.
Al final, el recuerdo que perdura en la mente de muchos es el ejemplo y las obras, no simplemente las palabras. De manera que, cuando Pablo recordó a los ancianos “cómo [se había] comportado entre [ellos] todo el tiempo”, se estaba presentando como un ejemplo de liderazgo cristiano distintivo que ellos podían imitar. “El ministerio previo de Pablo”, escribe Robert Tannehill, “se entiende como un recurso que puede ayudar a los ancianos a enfrentar sus responsabilidades futuras”.
John Wooden, un legendario entrenador de baloncesto, es conocido por haber dicho: “La herramienta de liderazgo más poderosa que tienes es tu ejemplo personal”. Ciertas cosas en la vida no se pueden aprender de un libro. De hecho, aprendemos mucho más de lo que creemos solo mediante el ejemplo de los que nos rodean, como nuestros padres, amigos y héroes. Copiamos a los demás mucho más de lo que nos gusta aceptar. El ejemplo de Pablo dejaba en las personas una impresión permanente.
Servicio al Señor con toda humildad
Pablo invitó a sus queridos amigos a recordar su ejemplo de vida. Pero ¿cómo fue su manera de vivir entre ellos? ¿Cómo fue su vida? Aquí está su respuesta: “Desde el primer día que entré en Asia, [he servido] al Señor con toda humildad, y con muchas lágrimas, y pruebas que me han venido por las asechanzas de los judíos” (vv. 18-19). Observa que Pablo no da una lista de sus muchos éxitos, sus viajes costosos, su brillante intelecto, su celo inquebrantable, de las visiones celestiales, los milagros extraordinarios ni de su autoridad dada por Dios. En lugar de eso, lo primero que menciona es su servicio humilde al Señor Jesucristo. Esto es sumamente interesante. Lo que dice aquí marca la pauta para el resto de su discurso.
Servicio como esclavo: El verbo griego que se traduce “sirviendo” es el verbo que significa “servir como esclavo” (δουλεύω [douleúo]). En algunas de sus cartas, Pablo se refería a sí mismo como “siervo” o, literalmente, “esclavo” (δοῦλος [doúlos]) del Señor Jesús. Desde su encuentro transformador con el Cristo resucitado en el camino a Damasco, Pablo predicó que “Jesús es Señor”: “Porque no nos predicamos a nosotros mismos, sino a Jesucristo como Señor, y a nosotros como vuestros siervos [lit. esclavos] por amor de Jesús” (2 Co. 4:5).
Los mejores ancianos son los que se consideran siervos del Señor Jesucristo, constituidos por Él y a quienes se les ha encomendado el cuidado del pueblo que Él compró con su sangre.
Servicio con toda humildad: Pablo servía al Señor “con toda humildad”. Esta es la única manera aceptable de servir al Señor y la única actitud adecuada de un esclavo del Señor. La humildad es clave para entender el carácter y el estilo de liderazgo de Pablo, permeaba sus acciones, palabras, actitudes y enseñanzas. Esta resultaba evidente en sus interacciones con sus compañeros de ministerio y en cómo se relacionaba con aquellos a quienes lideraba.
Al recordarles a los ancianos de Éfeso que él servía al Señor con “toda humildad”, al mismo tiempo les estaba advirtiendo de las tentaciones universales que enfrentan los líderes de la iglesia: orgullo por su posición, orgullo por sus títulos, orgullo por su conocimiento u orgullo por sus dones. “El orgullo es sin duda el principal riesgo ocupacional para el predicador”, destaca John Stott. Aunque la humildad y el servicio son centrales en lo que Jesús enseñó acerca del liderazgo y la vida en comunidad, la falta de humildad entre los líderes cristianos sigue reconociéndose como un problema generalizado (ver el capítulo 1).
Las virtudes de la humildad en el líder siervo: Pablo fue un hombre fuerte, pero humilde, que imitó la humildad de Cristo. Si no puedes imaginar cómo puede un líder fuerte, talentoso, brillante y energético ser también un siervo amoroso y humilde, considera con atención la vida de Pablo.
Una actitud humilde como la de Cristo hace que el líder sea más enseñable, accesible y receptivo a las críticas constructivas. Le da una mejor capacidad para ver sus propias limitaciones y fallas, someterse a otros y trabajar en equipo, y lo prepara mejor para lidiar con los pecados y fallas de otros.
Un líder humilde se pone menos a la defensiva, es menos propenso a pelear, es más rápido para reconciliar diferencias y se siente más cómodo con las relaciones interpersonales. Un alma humilde disfruta de promover los dones y la popularidad de los demás y no siente celos ni envidia de los logros de otros. Solo si tenemos una actitud de “toda humildad” podremos dirigir a la manera de Jesús.
Que tu objetivo sea servir al Señor como su esclavo, con toda humildad en mente. Esta es la primera descripción que Pablo hace de sí mismo, deseando que los ancianos pastores lo imiten.
Servicio al Señor con lágrimas
Pablo también sirvió al Señor “con muchas lágrimas, y pruebas que me han venido por las asechanzas de los judíos”. Al relatar sus experiencias personales de lágrimas y de pruebas, su intención era preparar a los ancianos para las angustias y persecuciones que ellos también enfrentarían inevitablemente.
Al igual que Jesús, Pablo lloró. Al igual que Jesús, Pablo tuvo un corazón compasivo. Al igual que Jesús, Pablo dio su vida por las ovejas. Fue un líder pastor que tenía un “entrañable amor” por sus convertidos (Fil. 1:8). Él sabía lo que era “[llorar] con los que lloran” (Ro. 12:15). Al igual que Jesús, Pablo fue un hombre profundamente sensible.
Prepárate para las lágrimas: Cuando amas a otros y eres sensible a sus necesidades, llorarás por los muchos quebrantos, conflictos y dificultades que enfrenten. También llorarás por los matrimonios rotos, los hogares divididos, los horribles conflictos entre miembros de la iglesia, las muertes inesperadas, las enfermedades incapacitantes y las terribles adicciones a la pornografía, al alcohol o a las drogas.
Servicio al Señor en medio de la persecución
Jesús no pudo haber sido más claro cuando advirtió a sus discípulos: “Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros […]. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán” (Jn. 15:18-20). Para Pablo, el servicio a Dios también estuvo marcado por persecuciones sin tregua. En el versículo 19, enfatiza que sus pruebas vinieron “por las asechanzas de los judíos”. Estas fueron conspiraciones organizadas y planeadas para matarlo, instigadas y ejecutadas por los mismos que profesaban conocer al Dios del Antiguo Testamento y ser el pueblo de su pacto. Esto hizo que la persecución fuera aún más personal para Pablo. Sufrir por el evangelio fue parte integral de su apostolado y su identificación especial con Cristo en sus sufrimientos y muerte.
Al recordarles a los ancianos sus propias pruebas y persecuciones, Pablo los estaba preparando para enfrentar persecuciones organizadas y planeadas de parte de adversarios resueltos.
Recuerden mis enseñanzas y mis ministerios evangelísticos
Al igual que Jesús, cuyos pasos seguía muy de cerca, Pablo era un maestro, educador y heraldo consumado del evangelio. En el versículo 20, revela que cumplió su tarea de enseñanza y de evangelismo de la manera más completa posible. Esta es una sección muy importante de su discurso. En el versículo 27, repite (con algunas variaciones) lo que dice aquí en el versículo 20. A su partida, los ancianos de Éfeso debían continuar la labor que él había comenzado. También debían ser minuciosos en su ministerio de enseñanza. Debían conocer el evangelio y poder proclamarlo con precisión.
Nada útil he rehuido: No pasemos por alto la importancia de esta afirmación: “Nada que fuese útil he rehuido de anunciaros”. No hubo ni un solo punto doctrinal “útil” (es decir, “provechoso”, “benéfico”) que Pablo haya pasado por alto. No omitió ninguno de los detalles más finos de la fe ni adaptó la verdad al espíritu de su tiempo.
Como resultado, estos ancianos no carecían de nada en su educación teológica para enseñar el evangelio ni para vivir de una forma agradable a Dios. Para estar preparados y fortalecidos para su tarea pastoral, los ancianos debían conocer “todo el consejo de Dios” (Hch. 20:27). Esto fue lo que Pablo les declaró con fidelidad. Su ministerio de enseñanza fue completo y profundo.
Trágicamente, en demasiadas iglesias, los denominados ancianos no están preparados en la doctrina bíblica, ignoran las divinas Escrituras y no están bíblicamente calificados para el servicio.
Enseñanza en público y en privado: Para enfatizar aún más la minuciosidad de su ministerio de enseñanza, Pablo les recordó a sus colaboradores que él les había enseñado en público y en privado: “Públicamente y por las casas”. Él no solo enseñaba en público, sino también “por las casas”, en reuniones más privadas e íntimas. Enseñar en las casas era una manera efectiva y natural de extender el evangelio.
Las casas son también el escenario perfecto para una enseñanza profunda de todo el consejo de Dios. Para el anciano que no tiene el don espiritual para hablar ante una audiencia grande o mixta, las casas son el lugar ideal para enseñar la Escritura y discipular a los creyentes.
A Pablo le había sido confiado un mensaje imperioso y urgente de parte de Dios, para que lo proclamara y enseñara a todos los pueblos. Su ministerio estaba centrado en la Palabra, en anunciar el mensaje de Dios acerca del “camino de salvación” (Hch. 16:17). Por esta razón les recordó a los ancianos que testificaba “a judíos y a gentiles acerca del arrepentimiento para con Dios, y de la fe en nuestro Señor Jesucristo” (Hch. 20:21).