Con cierta frecuencia encontramos asambleas donde los ancianos siguen
sirviendo aún en sus últimos años de vida, y por lo general esto es por
dos razones, una: el compromiso fiel que ellos tienen con el Señor y su
pueblo, pero la otra es porque no hay nadie que los reemplace. Las
generaciones han ido y venido, y con ellas los hombres más jóvenes. ¿Por
qué sucede esto?
Si bien una asamblea puede perder la participación de algún varón debido
a razones legítimas tales como un cambio de ciudad o una mudanza lejos
de área de la iglesia, también sucede que no todos los hombres tienen el
deseo o las cualidades necesarias para el liderazgo. Por eso es
importante que veamos el valor que tiene invertir en nuestros jóvenes,
ya sean hombres o mujeres. Este artículo en particular se centra en los
hombres jóvenes porque queremos hablar sobre el reemplazo de los
ancianos de la asamblea.
Además, también cabe recordar que una buena planeación en cualquier área
de la vida no es una negación de nuestra dependencia de la obra del
Espíritu Santo. Es el Señor quien “pone” sobreveedores (Hechos 20:28),
pero ¿lo hace en sintonía con nuestra obediencia a sus instrucciones de
capacitar a la próxima generación, o los ancianos simplemente “surgen”
como una sorpresa para todos? La mayoría estará de acuerdo en que es lo
primero.
Cuándo y dónde comenzar
Mucho se ha escrito para resaltar que el hogar es el principal campo de
capacitación para los niños, y esto es correcto. Los padres deben
criarlos “
en disciplina y amonestación del Señor” (Efesios
6:4), pero la iglesia y la escuela también juegan un influyen en esa
capacitación. Los padres piadosos deben asegurarse de que estas otras
dos instituciones no se encuentren letárgicas ni dormidas en cuanto a la
responsabilidad de criar en la disciplina y la instrucción del Señor, y
mucho menos que actúen en contra de la capacitación brindada en el
hogar.
En todo caso, una responsabilidad crucial de los ancianos de la asamblea
es enseñar la verdad bíblica acerca de cómo los niños deben ser
capacitados en el hogar, y luego asegurarse de que la iglesia local esté
reforzando esa capacitación cuando se reúnan los santos. Esto debe
comenzar cuando los niños son muy pequeños, y algunos dirían que en la
infancia. Los niños nunca son demasiado pequeños para aprender los
sencillos principios de honestidad, respeto por los demás, obediencia a
la autoridad, voluntad de ayudar, etc.
Principios para este proceso
Cada asamblea tiene libertad y autonomía de elegir cómo ha de involucrar
a los jóvenes, pero hay principios subyacentes que pueden guiar a los
ancianos y a los padres en estas responsabilidades. Estos son algunos:
- Los
padres deben entender que la asamblea está dispuesta para apoyar sus
esfuerzos de capacitación de una manera práctica, y no sólo con oración y
buenos deseos. La misma participación de ellos en la vida de la
asamblea sienta las bases para ello.
- Comience
temprano, al menos en la edad escolar. Hay muchas tareas sencillas que
se pueden compartir con los niños mientras sirven junto a un adulto.
- ¡Los
adultos deben apreciar el ministerio (servicio) de los niños! Un
anciano hizo el siguiente anuncio a la asamblea sobre los jóvenes
aprendiendo a predicar: “Si tienen un cumplido, díganselo; si tienen una
crítica, díganoslo a uno de nosotros”. ¡Sabias palabras!
- Asegúrense
de que las tareas asignadas sean adecuadas a la edad y capacidad del
joven. Eviten el desaliento pidiendo una tarea demasiado avanzada o
compleja.
- Proporcionen pautas prácticas (“capacitación”; Efesios 4:12) para llevar a cabo las tareas solicitadas.
- Recuerden,
una meta es desarrollar el sentido de pertenencia a la asamblea a una
edad temprana. No es sólo “donde mis padres se congregan “, sino “mi” o
“nuestra familia espiritual”.
- La
rendición de cuentas es siempre una parte importante del discipulado,
pero debe mantenerse simple y positiva siempre que sea posible. Tanto el
respeto como la admiración por aquellos en autoridad espiritual deben
ser cultivados, e incentivados por una relación amorosa.
- Los
elogios y reconocimientos por el trabajo bien hecho son importantes
para cualquier edad, pero especialmente para los jóvenes.
- Algunos ejemplos de la vida real
De los siguientes ejemplos tomados de la experiencia del autor con
asambleas cercanas a lo largo de los años, no todos serán aceptables
para todos los lectores, y eso está bien. Pero al menos permitirán al
lector ver qué esfuerzo genuino están efectuando los líderes para
involucrar a los jóvenes de manera positiva. Tales cosas rara vez
“suceden” espontáneamente, sin dirección. Son el resultado de un diseño
en oración. Y no siempre tienen éxito al principio; a veces es necesaria
una corrección a mitad de camino.
- En
la Cena del Señor en nuestra asamblea, los símbolos son pasados por 4
hombres y un niño. Los 4 hombres cubren el salón principal de reuniones,
y el niño lleva el pan o la copa a la sala de madres con bebés. No es
raro ver a un joven pasando los símbolos en el salón principal guiado
por su padre o un anciano.
- La
Escuela Bíblica de Vacaciones que se lleva a cabo durante una semana en
el verano comenzó con adultos dirigiendo los estudios bíblicos,
manualidades, juegos, refrigerios, etc. Pero en pocos años, estas
actividades se transfirieron a jóvenes que habían sido asistentes en
años anteriores y que ahora pueden dirigir. El objetivo (que se alcanzó
con éxito) era que toda la semana estuviese a cargo de los jóvenes, con
los adultos observando en el trasfondo.
- Los
grupos pequeños que se reúnen en los hogares han proporcionado una
excelente oportunidad para que los jóvenes compartan una breve
meditación de las Escrituras.
- Un
anciano ha estado llevando a algunos jóvenes a una asamblea más
pequeña y les ha dado la oportunidad de compartir la Palabra en la hora
bíblica dominical.
Manteniendo las cosas en perspectiva
Al igual que con cualquier esfuerzo que valga la pena, los sobreveedores
deben estar “vigilando” el progreso y estar atentos a las incursiones
del enemigo. Para esto, aquí hay varias preguntas relacionadas con el
tema para ser abordadas entre los ancianos:
- ¿Las
relaciones entre los ancianos (y los diáconos) se caracterizan por una
amistad genuina y un espíritu de trabajo en equipo? Dicho de otro modo,
¿los jóvenes desean ansiosamente el día en que puedan unirse a un grupo
así? El comentario que suele escucharse: “Estoy contento de hacer el
trabajo, pero no quiero el título”, puede ser una señal de alarma.
- ¿El
grupo de trabajo funciona como un verdadero equipo, o hay alguien que
busca salirse con la suya mientras que los demás son demasiado tímidos
para confrontarlo? Esto puede hacer que los que consideren participar,
prefieran no hacerlo.
- ¿Existe
un camino razonablemente trazado hacia una mayor responsabilidad?
Pocos hombres pasarán en forma inmediata de ser espectadores a ser
ancianos.
El Señor promueve a los hombres de acuerdo a Su voluntad, pero somos
mayordomos sabios cuando damos oportunidad de contar con “escalones
intermedios”. Piensa en las bendiciones que han surgido de los hombres
que crecen en una asamblea donde se les dio la oportunidad de compartir
una breve palabra en la Cena del Señor. ¡No es de extrañar que algunos
de ellos se hayan llegado a ser buenos maestros y oradores!
De la misma manera, alentar el liderazgo de unas pocas personas en un
grupo pequeño, o como parte de un equipo de tareas de los diáconos,
puede convertirse en un peldaño hacia una mayor participación.
¡Sí, el tiempo vuela! Y antes de que nos demos cuenta, esos niños
pequeños que corretean los domingos, crecen y pueden involucrarse en
tareas significativas.
¡Asegúrense de que la iglesia sea parte de eso!