Aprender a desempeñarse como anciano
no es lo más importante. Lo más importante es el carácter del anciano, y
aunque las cualidades en 1 Timoteo y Tito son bien conocidas, es
indispensable contar con un buen modelo a seguir. Es más, muchos
ancianos me han dicho que existen pocos de ellos hoy en día.
Sin embargo, podemos mirar al apóstol Pablo en este tema. De hecho, él
invita a que lo imiten al ofrecerse como ejemplo viviente del tipo de
carácter necesario para pastorear efectivamente el pueblo de Dios. En
realidad, él se señala explícitamente a sí mismo no menos de cinco veces
como ejemplo a seguir (1 Corintios 4:16, 11:1, Filipenses 3:17, 4:9, 2
Tesalonicenses 3:7-9). Esto no implica arrogancia o un esfuerzo humano
deficiente. Él simplemente actúa como un padre que, al enseñarle al hijo
a atarse los cordones de su calzado, dice: “Mira cómo lo hago yo”.
Una de estas referencias más notables y, de gran relevancia para los
ancianos, se encuentra en su discurso de despedida a los ancianos de
Éfeso en Hechos 20. Prestemos atención a esta conversación, y
consideremos lo que Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, les dice.
Sabe a quién sirve (19)
“Ustedes saben cómo me porté todo el tiempo que estuve con ustedes…,
He servido al Señor con toda humildad y con lágrimas, a pesar de haber
sido sometido a duras pruebas por las maquinaciones de los judíos”. (Hechos 20:18-19 NVI).
El concepto más singular en el pastoreo espiritual es que debemos tener
en claro a quién servimos. Pablo tenía claro que había sido llamado para
“servir al Señor” y no a las personas. Una vez, una piadosa mujer mayor
me dio este consejo: “Recuerda, tú no estás sirviendo a la gente, estás
sirviendo al Señor”. ¡Hay una gran diferencia! Es verdad, que, al
servir a Dios, también servimos a la gente. Pero el apóstol ejemplifica
con claridad: cualquiera servicio que él presta a la gente es parte de
un objetivo mayor, esto es, el servicio a Dios. Como ancianos, no
podemos olvidar esta verdad esencial o nunca seremos espiritualmente
efectivos. Si nuestra aspiración más elevada es servir a la gente, nos
defraudarán, nos desalentarán, nos fallarán, nos desecharán, y la
mayoría de las veces no nos agradecerán. Sin embargo, el anciano quien
“sirve al Señor” como su aspiración más elevada será sostenido por el
Señor con la esperanza de ser recompensado por el Príncipe de los
Pastores (1 Pedro 5:4). En consecuencia, bajo la guía y dirección del
Maestro, servimos a la gente como pastores auxiliares. En última
instancia es a Él a quien servimos.
Humildad (19b)
“…con toda humildad…”
Si realmente estamos sirviendo al Señor, la humildad es el complemento
natural a nuestras vidas. No estamos en la posición de señorear sobre
otros; ese es un estilo terrenal de liderazgo. Frecuentemente en las
Escrituras se nos habla acerca de la importancia de la humildad y por
ello los ancianos deberían esforzarse por ser los primeros en humildad,
aunque esto suene raro. Debemos aspirar a la “altura de estar
arrodillados”.
Involucramiento apasionado (19c)
“… con lágrimas…”
Pablo estaba apasionadamente involucrado. El liderazgo terrenal requiere
que el hombre se esfuerce por no verse afectado emocionalmente. Aunque
un anciano no debe ser controlado por la emoción, sí debe conducirse con empatía hacia
los cristianos. Cuando un creyente llora, un anciano debería poder
llorar con él o ella. Cuando un cristiano está en dolor, el anciano
debería aprender a conectarse con esa persona en su dolor. No hay otra
alternativa, el que escribió el “manual” del ministerio de anciano (o
sea, Pablo), es quien demostró el uso piadoso de la emoción.
Sacrificio personal (19d, 23-24)
“… duras pruebas…”
Los ancianos experimentan una serie de pruebas singulares que el
cristiano promedio no comprende. Existen presiones de las personas, de
las metas personales y presiones de las cargas del ministerio. Suma a
ello el estrés del empleo y la vida familiar, y comenzarás a comprender
el enorme sacrificio que se requiere para ser un anciano espiritual. Sí,
existen grandes sacrificios. Tampoco hay forma de eludir esto; como
Pablo, un anciano debe estar dispuesto a aceptar las pruebas.
Fortaleza a pesar de la oposición (19e)
“… por las maquinaciones de los judíos”.
Una de las pruebas más grandes para los ancianos es lidiar con la
oposición. Este conflicto puede aparecer en la forma de fuerzas
demoníacas o mediante la hostilidad humana. Un buen número de ancianos
se han desvelado dando vueltas en la cama a causa de un conflicto o
desafíos a su papel como anciano. Hermano, no te des por vencido, no
estás solo. Este es un costo normal por ser pastor del pueblo de Dios.
El anciano que no puede sufrir la prueba debería buscar la fortaleza en
el Señor, o morirá en el ministerio. Observa el ejemplo de David, otro
gran líder del pueblo de Dios: “David se alarmó, pues la tropa
hablaba de apedrearlo; y es que todos se sentían amargados… Pero cobró
ánimo y puso su confianza en el Señor su Dios” (1 Samuel 30:6).
Coraje (20a, 27)
“Ustedes saben que no he vacilado…”
En cualquier conflicto, el coraje es esencial. Mucho más con los
ancianos cuando los riesgos son tantos. Nuestro liderazgo y pastoreo
debería producir una enorme diferencia en el bienestar espiritual de la
gente. El coraje es absolutamente necesario. El temor lleva a la
dilación, a la comunicación deficiente, al liderazgo incierto, a
comprometer y perder la integridad. La gente no seguirá a un líder
pusilánime. Entiendo que uno de los mayores impactos que ejercemos en la
vida de otros es cuando ven en nosotros fortaleza donde otros se
retraen.
Relevante (20b)
“… no he vacilado en predicarles nada que les fuera de provecho…”
Pablo no seleccionaba su material de enseñanza basado en temas de su
propio interés, sino que enseñaba con una meta en mente, es decir,
predicar aquello que era de mayor provecho para la gente. Esto requería
la sabiduría para saber qué enseñar y cuándo enseñarlo. Me lo imagino
evaluando a sus oyentes con antelación y luego ideando la manera de
presentar la enseñanza pertinente y beneficiosa para ellos.
Flexible (20c)
“…les he enseñado públicamente y en las casas.”
Pablo podía enseñar en cualquier parte, no estaba confinado a las cuatro
paredes formales del salón de reuniones. Enseñaba en grandes y pequeños
grupos, reuniéndose en el templo y en las casas. Obviamente no está
dando una lista exclusiva de sitios permitidos, Pablo simplemente estaba
diciendo que adaptaría su estilo y lugar de enseñanza a las necesidades
de cualquier audiencia deseosa y lista a escuchar.
Muchos hoy son como la mujer samaritana que deseaba entender
estrictamente “dónde adorar”. Pablo era flexible en sus métodos de
ministerio. Si como anciano encuentras un “método” particular de
ministrar que sea provechoso y ayuda a la gente a aprender, entonces
quédate con él. Pero recuerda que aún un poste que permanece pintado de
blanco, de vez en cuando necesita de una nueva mano de pintura. En
efecto, debes cambiar la pintura decolorada y opaca por una nueva y
reluciente mano de pintura. Así mismo en el ministerio, si no se
requiere cambiar algo, es posible que necesite una “nueva mano de
pintura” para vivificarlo.
Pero deberíamos tener cuidado de no estancarnos con las mismas
estructuras por pereza o conveniencia. No deberíamos atrevernos a ser
como los fariseos que se rehusaban a modificar algo y tenían sus
justificaciones teológicas por lo que hacían; sin embargo dejaban
completamente de lado al Espíritu.
Sin discriminar (21)
“…testificando a judíos y a gentiles…”
Los judíos tenían una desconfianza muy arraigada hacia quiénes no eran
judíos, sin embargo, Pablo atravesó las barreras étnicas, culturales y
de clase. Hoy, los ancianos deberían seguir el ejemplo de Pablo y
pastorear de tal forma que todas las personas se sientan bienvenidas y
atendidas. Ya sean negros o blancos, hombres o mujeres, ricos o pobres,
socialmente divertidos o torpes. Especialmente cuando enfatizamos
bíblicamente el liderazgo masculino en la iglesia, debemos prestar una
atención especial a ayudar a que las mujeres se sientan valoradas y
afirmadas en sus ministerios. Siempre he sentido que en el ministerio
liderado por hombres de la iglesia local, las mujeres deberían encontrar
consuelo, fortalecimiento y protección de un mundo que las menosprecia
en prácticamente todos los frentes. El evangelio se desprestigia
horriblemente cuando los inconversos sienten que discriminamos
injustamente. El ejemplo de Pablo debería ser el nuestro.
Guiado por el Espíritu (22)
Pablo era obediente al Espíritu. Se ha escrito mucho al analizar cómo
sabía él que ir a Jerusalén era la voluntad de Dios. Sin embargo, el
punto aquí es que independientemente de cómo sabía, Pablo era obediente.
A pesar de la perspectiva de dificultades y la posibilidad de estar en
prisión, él estaba determinado de la misma manera en que lo estaba el
mismo Señor Jesús a ir a Jerusalén.
Motivado internamente (24)
La meta motivadora de Pablo era completar el encargo del Señor sin importar el costo personal implicado. Dice: “…
considero que mi vida carece de valor para mí mismo, con tal de que
termine mi carrera y lleve a cabo el servicio que me ha encomendado el
Señor Jesús, que es el de dar testimonio del evangelio de la gracia de
Dios” (Hechos 20:24).
Ejemplo de madurez espiritual
El apóstol Pablo lleva esta ejemplificación un paso más adelante; los
ancianos deberían adoptar este ministerio de ejemplificar un carácter
piadoso para otros cuando dice a los ancianos: “…sean ejemplos para el rebaño” (1 Pedro 5:3).