Estamos haciendo una corta serie en torno a la edición revisada del libro Liderazgo
Bíblico de Ancianos. Esta nueva edición ha sido completamente revisada,
ampliando el estudio de los pasajes en el Nuevo Testamento que hacen
referencia al liderazgo de ancianos, y ahondando más en otros aspectos
del cuidado pastoral y la labor de los ancianos en medio del pueblo de
Dios.

La semana anterior vimos un extracto del capítulo uno acerca de la
humildad y en esta ocasión podrás leer la continuación de este tema,
partiendo del mismo capítulo.
 

EL SERVICIO HUMILDE


En la mesa pascual, horas antes de su crucifixión, Jesús hizo algo
impensable. Como un vil esclavo común, se inclinó y lavó los sucios pies
de sus discípulos:

Jesús […] se levantó de la cena, y se quitó su manto, y tomando una
toalla, se la ciñó. Luego puso agua en un lebrillo, y comenzó a lavar
los pies de los discípulos, y a enjugarlos con la toalla con que estaba
ceñido […].
Después que les hubo lavado los pies, tomó su manto, volvió a la mesa, y
les dijo: ¿Sabéis lo que os he hecho? Vosotros me llamáis Maestro, y
Señor; y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro,
he lavado vuestros pies, vosotros también debéis lavaros los pies los
unos a los otros. Porque ejemplo os he dado, para que como yo os he
hecho, vosotros también hagáis (Jn. 13:3-5, 12-15).

De la manera más inolvidable y dramática, Jesús ilustró todo lo que
había estado enseñando a sus discípulos respecto a la humildad, el amor,
el servicio sacrificial y la grandeza mediante el lavamiento de los
pies de sus discípulos.

La lógica de este pasaje es perfectamente clara: si aquel que tiene los
títulos de “Maestro” y “Señor” se humilló para lavar los pies de sus
discípulos, entonces también los discípulos debían lavarse los pies unos
a otros, es decir, atender con humildad a los intereses y al bienestar
de cada uno, sin pelearse en busca de poder y prominencia. Lo que Jesús
hizo fue invertir por completo todo lo que se consideraba aceptable en
la cultura y desconcertó totalmente a los discípulos. ¿Cómo podían
seguir discutiendo respecto a quién debía considerarse el mayor cuando
Aquel que en verdad era el mayor se humilló para lavar los pies
mugrientos de sus estudiantes?

Aquí vemos que el símbolo de nuestro Señor es la toalla del siervo, no la túnica del clérigo. En palabras de John Stott: El
símbolo de un liderazgo auténticamente cristiano no es el manto púrpura
del emperador, sino el tosco delantal del esclavo; no es el trono de
marfil y oro, sino un tazón de agua para lavar los pies. 
1

Solo cuando seguimos el ejemplo de nuestro Señor y Siervo podemos tener
esperanza de vivir y de trabajar juntos en unidad. “Si sabéis estas
cosas”, declaró Jesús, “bienaventurados seréis si las hiciereis”
(Jn. 13:17).
 

No sean como los gobernantes del mundo: Lucas 22:24-27


Después que nuestro Señor instituyó la Cena del Señor y, en su misma
presencia, los discípulos comenzaron a discutir de nuevo sobre “quién de
ellos sería el mayor”. Si no conociera la pecaminosidad del corazón
humano, seguramente me sorprendería, pero no me sorprendo. Con gran
maestría, Lucas nos narra esta historia de la siguiente manera:

Hubo también entre ellos una disputa sobre quién de ellos sería el
mayor. Pero él les dijo: Los reyes de las naciones se enseñorean de
ellas, y los que sobre ellas tienen autoridad son llamados bienhechores;
mas no así vosotros, sino sea el mayor entre vosotros como el más
joven, y el que dirige, como el que sirve. Porque, ¿cuál es mayor, el
que se sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la
mesa? Mas yo estoy entre vosotros como el que sirve
(Lc. 22:24-27).

En respuesta a la disputa de los discípulos, Jesús les mandó no
comportarse como “los reyes de las naciones” que “se enseñorean de” su
pueblo, ni como los que están en autoridad y se jactan de ser
“bienhechores”. Con gran énfasis, Jesús protestó: “Mas no así vosotros”.

Jesús estipuló que, en su reino, el “mayor” será como el “más joven” del
grupo (el que no cuenta con estatus ni poder) y que “el que dirige”
será como “el que sirve” a la mesa, es decir, un mesero, un humilde
ayudante.

Jesús el Siervo mesero: Jesús hace esta sorprendente
declaración respecto a sí mismo: “Porque, ¿cuál es mayor, el que se
sienta a la mesa, o el que sirve? ¿No es el que se sienta a la mesa? Mas
yo estoy entre vosotros como el que sirve” (Lc. 22:27). Jesús es el
ejemplo supremo de subordinación voluntaria. Él, el Maestro y Señor
supremo, sirve voluntariamente a los que se sientan a la mesa (ver
Lc. 12:37). Los discípulos deben emular a este Jesús Siervo y mesero, no
a los “reyes de las naciones” ni a los ricos “bienhechores” de este
mundo.


  1. Stott, La cruz de Cristo, 318.

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¿Hay algún tema que quisieras que abordemos en este blog, o tienes alguna pregunta? Escríbenos, y daremos respuesta en una próxima edición.

Te invitamos a orar por el crecimiento de este ministerio y por que Dios provea los recursos necesarios para seguir sirviendo a su iglesia.

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