De las innumerables palabras y hechos del Señor Jesús durante su vida y ministerio en la tierra, es interesante reflexionar por qué ciertos ejemplos fueron los que se eligieron para estar incluidos en las Sagradas Escrituras. Seguramente la respuesta debe ser más profunda que asumir que son simples muestras aleatorias de las actividades del Señor. No, las Escrituras nos dicen que estas cosas “para nuestra enseñanza se escribieron” (Romanos 15:4), y que “toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil…” (2 Timoteo 3:16). Útil para conocer mejor al Señor, entendiendo las cosas que Él hizo y enseñó; útil para nuestro crecimiento y madurez; útil para la convicción y corrección de los pecados; y mucho más. El creyente se deleita en comprender las ricas lecciones y principios espirituales que nos ayudan a “andar como él anduvo” (1 Juan 2:6).
A medida que adoptamos las verdades y los principios de Su vida, Él se convierte en nuestro modelo de vida y “somos transformados… en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor” (2 Corintios 3:18).
Pensemos ahora en uno de esos registros especiales, en Lucas 17, donde Jesús sanó a unos leprosos. Sabemos que hizo buenas obras, que sirvió a los necesitados, que quiso glorificar a su Padre, pero todo esto lo podemos aprender de muchos otros pasajes. ¿Qué tiene de especial este?
Primero un breve resumen del relato. Diez hombres con lepra pidieron ayuda a Jesús. Él les dijo qué hacer, y mientras ellos se trasladaban en obediencia siguiendo su instrucción, fueron sanados. La historia podría haber terminado ahí. Pero tenemos un agregado interesante. Uno de ellos, cuando vio que realmente estaba curado, se apartó del grupo y volvió dando gracias al Señor. ¿Has pensado alguna vez en lo que el Señor podría haberle dicho a este hombre agradecido? “Qué lindo que estés agradecido”, o “¿Por qué no haces lo que te dije, yendo a buscar a los sacerdotes?”.
Ahora consideremos lo que realmente dijo: ¿No son diez los que fueron limpiados? Y los nueve, ¿dónde están?” Aquí tenemos una visión maravillosa del corazón de nuestro Señor. ¿Cómo podemos describirlo? ¿Que “dar gloria a Dios” es muy importante? ¿O que Dios espera que lo hagamos? Tengamos en cuenta que la gratitud de este hombre no solo fue algo silencioso del corazón, sino que lo hizo público.
No importó quién lo estaba escuchando o lo que pensaran al respecto. Podríamos decir que su corazón rebosaba de agradecimiento.
Sin duda, aquí hay un mensaje para nosotros. Como quienes han recibido misericordia del Señor, debemos ser conocidos como personas agradecidas. Podemos dar gracias “en todo” (1 Tesalonicenses 5:18), y “por todas las cosas” (Efesios 5:20). Pero no solo estamos agradecidos en la intimidad por las bendiciones recibidas, sino que, en ocasiones, podemos hablar con los demás sobre lo que Dios ha hecho por nosotros. Varias Escrituras nos exhortan a no avergonzarnos del Señor ni de las “buenas nuevas”. Pero, además, tenemos el privilegio y la responsabilidad de dar gracias públicamente en torno a la Mesa del Señor cada semana, solo con nuestra presencia, y tal vez con una canción o con palabras.
Volvamos a la historia de los leprosos. ¿Crees que la sanidad que recibieron los otros nueve desapareció repentinamente porque no volvieron y dieron gracias? Probablemente no. Romanos 11:29 nos dice que “irrevocables son los dones y el llamamiento de Dios”, es decir, Dios no quita lo que da.
Piensa en el relato desde la perspectiva de los nueve. Como leprosos, estaban aislados de la vida familiar y social, experimentando una existencia solitaria, probablemente hasta la muerte “fuera del campamento”. Ahora, de repente, ¡tenían una piel nueva y limpia, y una vez aprobados por las autoridades, podían reunirse con sus familias, comprar en los mercados e incluso asistir a la adoración en el templo! Sin duda debían haber estado emocionados y no querían demorarse para que los vieran los sacerdotes. ¿Cómo podemos criticarlos por esto?
Pero el hecho es que, a cierta distancia en el camino, había Alguien que se había interesado en ellos y les había devuelto la vida. ¿Cuál era Su perspectiva? Los nueve, ¿dónde están? ¿Puedo sugerir sin juzgar ni criticar que esta escena es un cuadro poderoso de lo que a menudo sucede hoy? ¿Cuántos cristianos, verdaderamente nacidos de nuevo, se toman el tiempo, o incluso tienen la oportunidad en los servicios de su iglesia, de dejar de lado todos los ministerios, sermones, programas y actuaciones para sentarse con otros en la presencia del Señor y dar gracias? Es una rareza. Y el número de santos que se reúnen en iglesias que buscan seguir el patrón del Nuevo Testamento, dedicando un tiempo a recordar y a la adoración es bastante pequeño.
El hombre samaritano sanado representaba solo el 10% del grupo sanado, y no encontramos que haya dicho alguna palabra de crítica sobre el otro 90%; él sólo quería volver a los pies de Aquel que lo había bendecido tanto que su corazón se desbordaba de gratitud. Recuerda, fue el Señor quien preguntó: “Y los nueve, ¿dónde están?” ¡En Juan 4:23 se nos dice que el Padre busca verdaderos adoradores! ¿Es la adoración una prioridad para nosotros, o solo una tradición? Podemos llegar a ser como algunos que dijeron: “La mesa del Señor… “¡Qué fastidio!” (Malaquías 1:12,13).
A lo largo de las Escrituras, parece haber un patrón que indica que cuanto más te acercas al Señor, menos serán los que te acompañen. Así que, amados, reunámonos con aquellos que se alejan de todas las cosas atractivas disponibles, y disfrutemos lo mejor aquí en la tierra, reuniéndonos alrededor del Salvador solo para darle gracias. Los primeros creyentes aprendieron la bendición de esto y dieron testimonio de que “cómo le habían reconocido al partir el pan” (Lucas 24:35).
¿Son pocos en tu asamblea? Conténtense con reunirse pocos. Si la adoración es sincera, otros se sentirán atraídos, y es una buena prueba de amor estar agradecidos de que otros sean bendecidos al reunirse de manera diferente a la nuestra. Según lo señala el título de un libro antiguo: “Lo mejor está por venir”. ¡Sabias palabras!
____ Adaptado con permiso de APA
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